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El
"limbo" |
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Aclaraciones sobre una doctrina teológica. |
Pregunta
de un lector: Estimado
Padre, ¿podría hablarme sobre exactamente qué es para nosotros los cristianos
el LIMBO?
El limbo es lo que en el Credo se designa como “infiernos” cuando se afirma que “Jesucristo descendió a los infiernos”. Explica este artículo el Catecismo al enseñar: “La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios. Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el ‘seno de Abraham’. Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos. Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido”. (nº 633)
Y
más adelante (nº 635): “Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la
muerte para que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan
vivan. Jesús, el Príncipe de la vida
(Hch 3,15), aniquiló mediante la muerte
al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la
muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud (Hb 2,14-15). En
adelante, Cristo resucitado tiene las
llaves de la muerte y del Hades (Ap 1,18) y al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los
abismos (Flp 2,10)”.
El
catecismo de Trento, promulgado después del Concilio de Trento, al explicar los
lugares donde están detenidas después de la muerte las almas privadas de
gloria, enseña que “hay una tercera clase de cavidad, en donde residían las
almas de los Santos antes de la venida de Cristo Señor Nuestro, en donde, sin
sentir dolor alguno, sostenidos con la esperanza dichosa de la redención,
disfrutaban de pacífica morada. A estas almas piadosas
que estaban esperando al Salvador en el seno de Abraham, libertó Cristo
Nuestro Señor al bajar a los infiernos” (Catecismo de Trento, parte 1, cap.
6, n. 3).
En
la literatura más reciente se emplea esta palabra para indicar el lugar y la
situación en que se encuentran los niños y quienes se les equiparan, que
mueren sin haber recibido el sacramento del bautismo: “el limbo de los niños”.
Este problema de quienes mueren sin haber llegado al uso de razón y sin haber
sido bautizados ha dado lugar a diversas teorías:
–Sauras afirma que obtienen la
gloria por el voto real del bautismo;
–Boudes también lo afirma, pero
en razón de la solidaridad con Cristo;
–Héris y antiguamente Cayetano,
creen que se salvan por la fe de los padres.
–Laurenge opina lo mismo pero en
razón de una opción personal después de la muerte.
–García-Plaza supone una
iluminación extraordinaria que les hace hacer un acto de caridad perfecta.
–Schell cree que se les computa la
propia muerte como martirio, etc.
A
falta de datos escriturísticos es necesario recurrir al pensamiento de los
Santos Padres. Éstos han afirmado claramente la existencia del limbo (cf. por
ejemplo, San Gregorio Nacianceno, PG 36,385-390; San Agustín, PL 40,275). En
general los Padres y teólogos han afirmado la existencia del limbo como lugar y
estado de aquellos que habiendo muerto antes de llegar al uso de razón y sin
bautismo, y por tanto con pecado original pero sólo con él, son privados de la
visión de Dios, que es don gratuito y personal, aunque no sean castigados con
penas aflictivas, sino que pueden gozar de una felicidad natural.
El
Magisterio no se ha expedido nunca sobre esta cuestión, aunque tenemos un par
de datos debidos al magisterio de Juan Pablo II:
–el primero se refiere a los que
mueren en razón del aborto; de ellos dice el Papa escribiendo a las madres que
han realizado el aborto: “Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y
confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para
ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis
cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro
hijo que ahora vive en el Señor.” (Evangelium vitae, 99);
–el segundo está en el Catecismo:
“En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede
confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por
ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres
se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: Dejad
que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis (Mc 10,14), nos
permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren
sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no
impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo
Bautismo” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1261).