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¿Podemos llamar al sacerdote "padre"? |
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¿No se trata de algo que la Biblia prohibe?. |
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Steve Ray / http://catholic-convert.com |
(Tradujo Roberto Linares)
Poniendo el problema en contexto
Mientras Paul y Sandra y sus hijos estaban saliendo de la iglesia un domingo después de Misa, ellos se pararon para decir hola al sacerdote:
“Gracias
por la homilía, Padre Ryan,” dijo Paul. “Fue muy convincente”.
“Gracias,”
contestó el Padre con una sonrisa, “Estoy contento que la encontraste benéfica.”
“Cambiando
de tema, Padre”, Sandra se aventuró a preguntar al padre, “nosotros quisiéramos
saber si usted estaría libre para venir a nuestro hogar y reunirse con nosotros
en la cena esta semana.”
El
Padre sonrió, “Claro que sí. ¡Eso sería grandioso! Gracias.” Y establecieron un día antes de irse.
Nada
acerca de este encuentro parecería raro para un católico, pero muchos
protestantes se horrorizan con eso. Muchos claman que cuando los católicos se
refieren al sacerdote como “padre”, muestran que la Iglesia está en contra
de la Biblia, porque Jesús lo prohibió: “No llamen a ningún hombre su padre
en la tierra, porque ustedes tienen un Padre, quien está en el cielo” (Mat.
23:9).
En
sus ensayo 10 Razones por las que no soy Católico Romano, el escritor
anti-católico y fundamentalista Donald Maconaghie cita este pasaje como soporte
para su acusación de que “el papado es una farsa.”
Bill
Jackson, otro fundamentalista que dirige una organización anticatólica de
tiempo completo, dice en su libro, La Guía Cristiana Hacia el Catolicismo
Romano, que un “estudio de Mateo 23:9 revela que Jesús estaba hablando acerca
de ser llamado padre como un título de superioridad religiosa…[la cual es] la
base de la jerarquía [Católica]” (p. 53).
¿Como
debemos los católicos responder a estas acusaciones?
Para
entender el porque la acusación no es válida, uno primero debe comprender
que el uso de la palabra “padre” en referencia a nuestros padres terrenales.
No habría nadie que no permitiera a una niña la oportunidad de decirle a
alguien que ella quiere a su padre. El sentido común nos dice que Jesús no
estaba prohibiendo este tipo de uso de la palabra “padre”.
De
hecho, para prohibirlo habría que quitarle a la palabra “Padre” su
significado cuando se aplica a Dios, porque no habría mas la contraparte para la
analogía de la divina Paternidad. El concepto de el rol de Dios como Padre no
tendría significado si destruimos el concepto de la paternidad terrena.
Pero
en la Biblia el concepto de paternidad no está restringido a solo nuestros
padres terrenales y Dios. Es usada para referir a gente diferente de los padres
biológicos o legales, y es usado como un signo de respeto con los cuales
nosotros tenemos una relación especial.
Por
ejemplo, José le dice a sus hermanos acerca de un especial relación fraternal
que Dios le ha dado a el con el rey de Egipto: “Así que no eras tú quien me
mandó aquí, sino Dios; y el me ha hecho a mi un padre para el Faraón, y señor
de toda su casa y el que gobierna toda la tierra de Egipto” (Gén.
45:8).
Job indica que el tuvo un papel de paternidad con los menos afortunados: “Yo era un padre de los pobres, y busqué la causa de el a quien yo no conocía” (Job 29:16). Y Dios mismo declara que el dará un rol de paternidad a Eliakim, el guardián de la casa de David: “En aquel día yo llamé a mi sirviente Eliakim, el hijo de Hilkiah…y yo los vestiré a el con una túnica, y le ceñiré un cinturón en el, y le otrogaré…autoridad a su mano; y el deberá ser un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá” (Isaías 22:20)
Este
tipo de paternidad no solamente aplica a aquellos quienes son sabios consejeros
(como José) o benefactores (como Job) o ambos (como Eliakim), también aplica a
aquellos quienes tienen un relación espiritual fraterna con uno. Por ejemplo,
Elisha replica, “Mi padre, mi padre!” a Ellijah mientras la carta es llevada
al cielo en un remolino (2 Reyes. 2:12). Después, Elisha mismo es llamado padre
por el rey de Israel (2 Reyes. 6:21).
¿Un
cambio con el Nuevo Testamento?
Algunos
fundamentalistas debaten que este uso cambió con el Nuevo Testamento--que
mientras que pudo haber sido permisible llamar a cierto hombres “padre” en
el Antiguo Testamento, desde el tiempo de Cristo, no es ya permitido. Este
argumento falla por varias razones.
Primero,
como hemos visto, es imperativo “no llamar padre a un hombre” no aplica al
padre biológico de uno. También no excluye llamar a los ancestros de uno
“padre”, como se muestra en Hechos 7:2, donde Esteban se refiere a
“nuestro padre Abram,” o en Romanos 9:10, donde Pablo habla de “nuestro
padre Isaac.”
Segundo,
hay numerosos ejemplos en el Nuevo Testamento de el término “padre” de ser
usado como una forma de dirigirse y referirse, aún para hombres quienes no son
padres biológicos relacionados con el locutor. Hay, de hecho, bastantes usos de
“padre” en el Nuevo Testamento, que la interpretación fundamentalista de
Mateo 23 (y la objeción a los católicos sobre llamar a los sacerdotes
“padre”) debe estar equivocada, como lo veremos.
Tercero,
un análisis cuidadoso de el contexto de Mateo 23 muestra que Jesús no intentó
que sus palabras fueran entendidas literalmente. El pasaje completo versa así,
“Pero no serán llamados ‘rabino,’ porque ustedes tienen un maestro, y
ustedes son todos hermanos. Y no llamen a ningún hombre su padre en la tierra,
porque ustedes tienen un Padre, quien esta en el cielo. Ninguno será llamado
‘maestro,’ porque ustedes tienen un maestro, el Cristo (Mat. 23:8).
El
primer problema es que aún que Jesús parecía prohibir el uso del término
“maestro”, Cristo mismo designó ciertos hombres para ser maestros en su
Iglesia (“Vayan entonces y hagan discípulos
de todas la naciones…
Los
fundamentalistas mismos se equivocan en este punto llamando a todo tipo de
personas “Doctor,” por ejemplo en el caso de doctores, así como también
profesores y científicos, quienes tienen grados de Ph.D. (ejemplo, doctorados).
En lo que ellos se equivocan es que “doctor” es simplemente la palabra en
latín para “maestro”.
¿Entonces
qué es lo que quería decir Jesús?
Jesús
criticado por los líderes judíos quienes amaban “el lugar de honor en los
festejos y los mejores asientos en la sinagogas y los saludos en los mercados, y
ser llamados ‘rabinos’ por los hombres (Mat. 23:6).
El
estaba haciendo una hipérbole (exageración para ir al grano) para mostrar a
los escribas y fariseos que pecadores y orgullosos eran por no parecer humildes
a Dios como el origen de toda la autoridad y fraternidad y enseñanza, y que en
vez se pusieren ellos mismos como la última autoridad, figuras paternales, y
maestros.
Cristo
usó hipérboles frecuentemente, por ejemplo cuando el declaró, “Si tu ojo
derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo; es mejor que tu pierdas uno de tus
miembros que entrar entero en el infierno” (Mat. 5:28, cf. 18:9, Marcos
9:47). Cristo ciertamente no intentó que esto fuera aplicado literalmente,
porque de otra manera todos los cristianos estaríamos privados de la vista!
(cf. 1 Jn 1:8; 1 Tim 1:15). Nosotros todos estamos sujetos a los apetitos de la
carne y a los apetitos de la vista y al orgullo en la vida” (1 Jn 2:16).
Usando
palabras fuertes como frecuentemente hacía, Jesús condenó el mal uso de la
autoridad mas que el uso de ciertos términos de posición. Haciendo referencia
al término “padre”, Jesús está prohibiéndonos cualquier relación de
fraternidad humana con la Fraternidad espiritual que solo Dios tiene. Nosotros
debemos no olvidar que somos sujetos de la autoridad de Dios-El es nuestro
Maestro y Profesor y Padre. Este es el porque, cuando nos referimos a los
sacerdotes como “padres” nosotros siempre debemos hacer esto reconociendo
que Dios es nuestro verdadero Padre.
Los
apóstoles nos muestran el camino
La
practica ancestral cristiana de llamar a los sacerdotes “padres” va muy atrás
hasta el tiempo de los apóstoles, y la teología atrás es evidente en la
escritura. Mientras el juicio ante el Sanedrín—el consejo mayor de los judíos
de los sacerdotes y los ancianos—el primer mártir cristiano, Esteban, se
refiere a ellos como “hermanos y padres” (Hech. 7:24).
Este
es un pasaje clave para considerar, mientras que las Escrituras nos dice que
Esteban estuvo lleno del Espíritu Santo y que habló estas palabras bajo la
inspiración del Espíritu Santo (cf. Hech. 7:55). No hay manera que el Espíritu
Santo podría haber inspirado a Esteban a referirse a los sacerdotes judíos
como “padres” si Cristo había de hecho literalmente prohibido a los
cristianos que llamaran a los hombres por ese título. Si así fuera, tendría
que haber una contradicción directa entre la orden de Cristo y la actuación
del Espíritu Santo.
El
Nuevo Testamento esta lleno de ejemplos y de referencias hacia relaciones
espirituales padre-hijo y padre-pequeño. Mucha gente no es consciente
en que tan comunes estas son, así que vale la pena citar algunas aquí.
Pablo regularmente se refería a Timoteo como su hijo: “Entonces yo te mandé a ti a Timoteo, mi y amado y fiel hijo en el Señor, misericordia, y paz de Dios el Padre y Jesús Cristo nuestro Señor (1 Tim 1:2), “A Timoteo, mi hijo amado: Gracia, misericordia, y paz de Dios el Padre y Jesús Cristo nuestro Señor” (2 Tim. 1:2).
El
también se refirió a Timoteo como su hijo: “Este encargo yo te encomiendo a
ti, Timoteo, mi hijo, de acuerdo con las anunciaciones proféticas...” (1 Tim 1:18), “Tu entonces, mi hijo, se
fuerte en la gracia de Jesús Cristo” (2 Tim 2:1), “Pero
el mérito de Timoteo tu lo sabes, como un hijo con un padre el ha servido
conmigo en el evangelio” (Fil. 2:22).
Pablo
también se refirió a otros de sus convertidos de esta manera: “A Tito, mi
hijo verdadero en una fe común: gracia y paz de Dios el Padre y Jesús Cristo
nuestro Salvador” (Tito 1:4), “te ruego por mi hijo, Onésimo, a quién he
engendrado en las prisiones” (Filemón 10). Claramente,
ninguno de estos hombres fueron literalmente, hijos biológicos. Por el
contrario, Pablo esta enfatizando su paternidad espiritual con ellos.
Paternidad
Espiritual
Quizás
la referencia mas señalada en el Antiguo Testamento sobre la teología de la
paternidad espiritual de los sacerdotes es la declaración de Pablo, “Y no
escribo esto para hacerlos sentir avergonzados, sino para aconsejarlos como mis
amados hijos. Aunque ustedes tienen incontables guías en Cristo, no
tienen muchos padres, pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del
evangelio” (1 Cor. 4:14-15).
Pedro
siguió la mismo costumbre, refiriéndose a Marco como su hijo: “Ella que está
en Babilonia, quien es similarmente escogida, te manda saludos; y así también
lo hace mi hijo Marco” (1 Pet. 5:13). Los apóstoles algunas veces se
refirieron a las iglesias enteras bajo el cuidado de sus hijos. Pablo escribe,
“Aquí por la tercera vez yo estoy listo para llegar a ti. Y yo no seré una
carga, porque no busco lo que es tuyo sino a ti; porque los hijos no deben de
acumular para sus padres, sino los padres para sus hijos” (2 Cor. 12:14); y,
“Mi pequeño hijo, con el cual yo estoy otra vez esforzándome hasta que
Cristo se forme en ustedes!” (Gal. 4:19).
Juan
dijo, “Mis pequeños hijos, escribo esto a ustedes para que así ustedes
no pequen; pero si alguno de ustedes peca, tenemos un defensor con el
Padre, Jesús Cristo el justo” (1 Jn 2:1), “No puedo tener una mayor alegría
que esta, oír a mis hijos seguir la verdad” (3 Jn 4). De hecho, Juan también
se refería a hombres de las primeras comunidades como “padres” (1 Jn 2:13).
Al
referirse a esta gente como a "hijos" espirituales,
Pedro, Pablo y Juan implícitamente se refieren a ellos como a sus "padres"
espirituales. Debido a que la Biblia frecuentemente habla de esta paternidad
espiritual, los católicos lo reconocemos y seguimos con la
costumbre de llamar a los sacerdotes “padres”. No reconocer esto es
de hecho es no reconocer y honrar un gran regalo que Dios ha dado en la
Iglesia: la paternidad espiritual del sacerdocio”
Los católicos tienen un afecto filial hacia los padres y los llaman “padre”, sabiendo que como miembros de sus parroquias ellos tienen el compromiso de su cuidado espiritual, y tienen una relación filial con ellos. Los sacerdotes por otro lado, siguen los ejemplos bíblicos de los apóstoles en lo referente a los miembros de su congregación como “mi hijo” o “mi pequeño” (cf. Gal. 4:19, 1 Tim. 1:18, 2 Tim. 2:1, Filemón 10, 1 Ped. 5:13, 1 Jn 2:1, 3 Jn 4).