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La célebre Ramera |
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Exégesis del capítulo 17 del Apocalipsis. |
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Colaboración de Mauricio Israel Pérez López |
Preámbulo
No cabe duda que a simple vista el Apocalipsis de Juan resulta un libro enigmático, cargado de símbolos que parecieran difíciles de explicar. Por esta razón, muchas interpretaciones fundamentalistas, que han tomado el texto al pie de la letra el texto, sin considerar su estilo literario, han caído en el error de encontrar falsas explicaciones y analogías atribuibles a aspectos, personajes y acontecimientos de nuestros tiempos. Otros más, de una forma más libre en su interpretación, y olvidando además del estilo literario, el contexto de la obra, han propuesto cualquier cantidad de señales contemporáneas que según ellos, justifican y dan sentido a la simbología empleada en el libro.
Entre muchos ejemplos, podemos contar el caso de la Célebre Ramera que aparece en el capítulo 17 del Apocalipsis. Olvidar el estilo literario apocalíptico del libro, e ignorar su contexto histórico, han hecho que haya quienes incluso atribuyan la descripción de esta Célebre Ramera a la Iglesia Católica, en especial a su alta jerarquía cuya sede es el Vaticano en una de las colinas romanas, dado que nuestros cardenales visten de rojo. Nada más falso. En este artículo pretendo desarrollar una breve exégesis que permita entender el correcto significado de los símbolos contenidos en las dos perícopas que comprenden el capítulo 17 del último libro de la Biblia.
Sería conveniente para el lector la lectura de mi artículo "666 - La Segunda Bestia del Apocalipsis" antes de leer el presente artículo.
Consideraciones teóricas
Para realizar la exégesis del capítulo en cuestión, es importante considerar los elementos
que sirven como material sólido (y correcto) para interpretar este pasaje. El
texto bíblico
empleado en el presente artículo
está tomado en su totalidad de la Edición Española de la Biblia de
Jerusalén.
Género literario
El Libro de la Revelación, o Apocalipsis de Juan,
pertenece
al
género literario “apocalíptico”,
que floreció en la literatura hebrea
durante
cuatrocientos
años, desde el
200
a. C., hasta el
200
d. C. La
apocalíptica depende de la literatura profética y de la sapiencial. Pero a
diferencia de la literatura profética, donde el elemento esencial es “la
palabra”, en la apocalíptica el elemento esencial es “la visión”. Otra
característica del género apocalíptico es el uso abundante de símbolos.
Los escritos apocalípticos
están desarrollados con esta estructura:
Una etapa de opresión al Pueblo de Dios.
Una etapa de castigo y destrucción del enemigo.
Una etapa de liberación, victoria y dominio del Pueblo de Dios.
Es importante distinguir la enseñanza detrás de “la visión”, del relato que
narra “la visión” en el Apocalipsis. El contenido apocalíptico es escatológico a
la vez que histórico, por lo que su enseñanza perdura hasta el fin de los
tiempos. Sin embargo, al ser histórico, su relato siempre se refiere a un tiempo
inmediato concreto, pues es escrito en un tiempo de fuerte opresión. Con esta
óptica ha de interpretarse el
Apocalipsis (y en consecuencia
el capítulo
analizado
en este artículo) si se
quiere tener un entendimiento acertado de su significado. No obstante, con una
buena hermenéutica, se puede hacer una actualización de su contenido doctrinal.
En el Primer Testamento encontramos literatura apocalíptica en Is, Ez, Jo, Zac y
Dn. En el Nuevo Testamento encontramos textos apocalípticos en Mc, Mt y Lc
cuando narran el discurso escatológico de Jesús; en algunos pasajes paulinos en
las epístolas a los Tesalonicenses y la Primera a los Corintios, y
evidentemente, en el Apocalipsis.
Para entender no sólo el contenido de la perícopa que analizo en este artículo,
sino todo el contenido del Apocalipsis de Juan, es preciso primero conocer el
contenido y los símbolos del Apocalipsis contenido en el libro del profeta
Daniel. A su vez, para entender los símbolos de Daniel, es preciso conocer y
entender los símbolos utilizados por el profeta Ezequiel. Esto resulta de
capital importancia, pues al comprender los simbolismos de Ez y Dn la exégesis
del Apocalipsis de Juan resulta un proceso más sencillo y natural. No es mi
intención en este trabajo hacer un
recuento y dar una interpretación a la simbología de estos apartados
apocalípticos veterotestamentarios. Sin embargo, lo menciono para el estudioso que guste profundizar
por cuenta propia.
Los Apocalipsis son desarrollados en una época de opresión. En el caso concreto
del Apocalipsis de Juan, éste fue escrito en el año 95, según se piensa
generalmente. En ese tiempo, Domiciano exigía el “culto imperial” aún más que
sus predecesores Vespasiano y Tito. Es en este contexto histórico donde debemos
buscar el verdadero significado de los simbolismos empleados por Juan.
Símbolo del Matrimonio entre Dios y su Pueblo
Las Perícopa
La célebre Ramera
Ap 17,1
(1)
Entonces vino uno de
los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: «Ven, que te voy a
mostrar el juicio de la célebre Ramera,
que se sienta sobre grandes aguas, (2) con ella
fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron
con el vino de su prostitución.» (3) Me trasladó en
espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color
escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez
cuernos. (4) La mujer estaba vestida de púrpura y
escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano
una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su
prostitución, (5) y en su frente un nombre escrito
–un misterio–: «La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las
abominaciones de la tierra.» (6) Y vi que la mujer
se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de
Jesús. Y me asombré grandemente al verla; (7) pero
el Ángel me dijo: «¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la
mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos.»
Simbolismo de la Bestia y de la Ramera
17,8-18
(8) «La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del Abismo, pero camina hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá. (9) Aquí es donde se requiere inteligencia, tener sabiduría. Las siete cabezas son siete colinas sobre las que se asienta la mujer.
Son también siete reyes: (10) cinco han caído, uno es, y el otro no ha llegado aún. y cuando llegue, habrá de durar poco tiempo. (11) Y la Bestia, que era y ya no es, hace el octavo, pero es uno de los siete; y camina hacia su destrucción. (12) Los diez cuernos que has visto son diez reyes que no han recibido aún el reino; pero recibirán con la Bestia la potestad real, sólo por una hora. (13) Están todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potestad que ellos tienen. (14) Éstos harán la guerra al Cordero, pero el Cordero, como es Señor de Señores y Rey de Reyes, los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles.»
(15) Me dijo además:«Las aguas que has visto, donde está sentada la Ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. (16) Y los diez cuernos que has visto y la Bestia, van a aborrecer a la Ramera; la dejarán sola y desnuda, comerán sus carnes y la consumirán por el fuego; (17) porque Dios les ha inspirado la resolución de ejecutar su propio plan, y de ponerse de acuerdo en entregar la soberanía que tienen a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. (18) Y la mujer que has visto es la Gran Ciudad, la que tiene la soberanía sobre los reyes de la tierra.
Delimitación
Contexto Inmediato
Las siete plagas de las siete copas
(15,5 y 16)
En esta perícopa Juan detalla una visión conformada por siete copas de las cuales siete ángeles derramarán las siete plagas de la ira de Dios:
1. Una úlcera maligna sobre los adoradores de la Bestia. Esta plaga es similar a la sexta que padeció Egipto (Ex 9,8-11).
2. El mar se convirtió en sangre, y murieron todos sus
habitantes. Esta plaga es similar a la primera que padeció Egipto (Ex
7,17-21).
3. Los ríos y manantiales se convirtieron en sangre.
La sangre es símbolo de los mártires. En este caso, es una especie de
venganza por la sangre derramada por tantos cristianos que han muerto durante la
persecución romana.
4. El sol quema a los adoradores de la Bestia. El
sol era considerado fuente de la vida. En este caso, la fuente de la vida
irradia un calor tan fuerte, que acaba por convertirse en fuente de la muerte.
5. Todo quedó en tinieblas. Esta copa es derramada
sobre el trono de la Bestia, y el reino queda en tinieblas, símbolo de la falta
de paz interior, de los trastornos mentales. Se refiere a los conflictos
internos e intrigas entre las autoridades imperio.
6. Se secaron las aguas del Éufrates, dando paso a los
reyes de Oriente. Se refiere a los Partos, que eran el azote del Imperio
Romano.
7. Una voz del Santuario anunció "¡Hecho está!"
y sobrevinieron relámpagos y truenos y un terremoto. Este cataclismo
cósmico es signo de una particular intervención de Dios, de dimensiones
inauditas. Recordemos que los encuentros de Moisés con Yahveh
en el Sinaí estaban enmarcados por este tipo de meteoros.
Un Ángel anuncia la caída de Babilonia
(18,1-3)
En esta perícopa Juan narra la llegada de un ángel anunciando que Babilonia -la gran ramera- ha caído. Las abominaciones que narra el capítulo 17 que nos interesa en este ejercicio, no serán definitivas, y habrán de terminar.
Contexto Amplio
Las perícopas que nos
interesan, son el inicio de la segunda parte, "El Castigo de Babilonia", de la
segunda sección del Apocalipsis, "Las Visiones Proféticas".
La célebre Ramera (17,1-7)
Simbolismo de la Bestia y de la Ramera
(17,8-18)
Un Ángel anuncia la caída de Babilonia
(18,1-3)
Huída del pueblo de Dios
(18,4-8)
Lamentaciones por Babilonia
(18,9-24)
Cantos triunfales en el cielo
(19,1-10)
Portador de la visión de la ramera, y del juicio que le depara.
Juan
En esta perícopa, Juan se muestra como
El autor del Apocalipsis se da a conocer como Juan (1, 1.4.9; 22,8), un hombre
que debido a su fe cristiana sufría el exilio en la isla de Patmos, una colonia
penal de Roma. Pese a su nombre, es difícil pensar que el autor de este libro es
Juan el Apóstol, o el mismo (o los mismos) autor del cuarto Evangelio o de las
cartas joaninas. Él mismo no habla de sí como del apóstol ni como autor de estos
textos. Algunos Padres de la Iglesia lo identificaron con el apóstol,
seguramente por la afinidad del nombre, incluyendo a Justino, Ireneo, Clemente
de Alejandría, Tertuliano e Hipólito. Sin embargo, otros como Eusebio de
Cesarea, Cirilo de Jerusalén e incluso Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo,
negaron este hecho. El vocabulario, la gramática y el estilo hacen dudoso que el
Apocalipsis fuera compuesto por las mismas personas responsables de los demás
textos neotestamentarios firmados por “Juan”. Por otro lado, existen similitudes
lingüisticas y afinidades teológicas con el cuarto evangelio que hacen suponer
que el autor del último libro de la Biblia bien pudiera haber sido discípulo de
Juan el Apóstol.
La Ramera fornica con todos los reyes de la tierra, y se sienta sobre grandes aguas, pero posteriormente será juzgada por sus obras. Es el personaje central de este capítulo.
Una de las bestias del Apocalipsis. Sobre ella se sienta la Ramera. Esta bestia ha sido y ya no es más, sin embargo, habrá de volver.
Fornican con la Ramera, se someten a ella.
Se embriagan con las obras prostitución de la Ramera.
De manera voluntaria, se someterán a la Bestia.
Sin embargo, su poder será tan breve como una hora.
El Cordero y los suyos habrán de vencer finalmente
las afrentas
Los fieles al Cordero, que finalmente vencerán el
dominio de la Bestia.
Simbolizados por las aguas en que se sienta la
Ramera, son todos aquellos sometidos por ella.
Interpretación de las Perícopa
(1)
Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló:
«Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera,
que se sienta sobre grandes aguas,
Jeremías había hablado de forma muy similar a esta visión, a los caldeos cuando anunció la caída de Babilonia, que representaría para Israel el regreso del exilio. (cfr Jer 50,38; 51,13). Por su parte, el profeta Nahúm había amenazado a Nínive por crímenes similares a los de la “célebre ramera” de este pasaje, y también la tachó de ser una ciudad “prostituta”, contraponiéndola a Israel, la esposa de Yahveh (cfr Na 3,4).
En esta misma tónica nos habla el autor del Apocalipsis. La única ciudad
contemporánea a este libro, que puede recibir este título por su persecución a
los fieles a Dios, y sus pecados, es Roma. Más adelante el mismo autor dará
claves irrefutables sobre su referencia a la capital del Imperio Romano.
Vemos pues que la constante en estos relatos es la misma: la infidelidad de los
pueblos a Dios desembocará en su caída.
(2)
con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.»
En este versículo, se habla de los reyes y habitantes
de pueblos paganos, que se sometieron voluntariamente al culto imperial.
Isaías se refirió a Tiro exactamente en estos mismos
términos (cfr Is 23,17). Jeremías
por su parte
describió a Babilonia con la metáfora de una copa de oro que embriagaba a toda
la tierra, y de cuyo vino bebieron todas las naciones hasta enloquecer (cfr
Jer 51,7).
Para entender el fuerte uso de los verbos en este
pasaje, hay que recordar que en el A.T., debido a la Alianza entre Dios y su
pueblo, equivalente a un matrimonio, la idolatría era considerada como el
equivalente precisamente al adulterio o a la fornicación. Entendiendo esa
metáfora se comprende el sentido del pasaje. A este respecto recomiendo revisar
Ez 16,1-58.
(3)
Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de
color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y
diez cuernos.
Parte de la visión es idéntica a 13,1.
(4)
La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras
preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y
también las impurezas de su prostitución,
Vemos aquí una referencia a la gran opulencia de los
emperadores romanos, y al culto imperial.
Nuevamente, se hace alusión a la copa como la que usó Jeremías para describir a
Babilonia (cfr Jr 51,7).
(5)
y en su frente un nombre escrito –un misterio–: «La Gran Babilonia, la madre de
las rameras y de las abominaciones de la tierra.»
Tras emplear los símbolos usados por los profetas, el
autor del Apocalipsis revela el nombre de Babilonia, que utiliza como símbolo
para referirse a Roma. El autor no da el nombre verdadero de la ciudad, sino que
se vale de un símbolo, como es propio del estilo apocalíptico.
(6)
Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de
los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla;
Roma se embriagaba con la sangre de los santos,
referencia a la terrible persecución a los cristianos que provocó muchas
muertes. Los mártires morían mientras los romanos se deleitaban (embriagaban) contemplando el
sangriento espectáculo del circo. Ezequiel se había quejado de Jerusalén de
forma similar en el pasado (cfr Ez
16,36-38; 23,37-45).
(7)
pero el Ángel me dijo: «¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la
mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos.»
En la siguiente perícopa se
encontrarán pistas dadas por
Juan para revelar los símbolos que ha venido empleando.
Simbolismo de la Bestia y de la Ramera
(8)
«La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del Abismo, pero camina
hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito
desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que
la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá.
La Bestia es muy seguramente Nerón (ver mi
artículo “La
Segunda Bestia del Apocalipsis – 666”). Este versículo dice que la bestia “fue”,
“ya no es” y “subirá del Abismo”. Según una leyenda de ese tiempo, en el año 68,
cuando Nerón se suicidó, muchos pensaban que realmente no había muerto, sino que
había huido al país de los Partos. Esperaban que pronto volvería, esta vez
encabezando un ejército para cobrar venganza de sus enemigos y recuperar el
poder en Roma. Esta leyenda fue llamada “Nerón redivivo” o “Nerón vuelto a la
vida”. Sucedió entonces que aparecieron varios falsos nerones, por lo que esta
leyenda corrió entre judíos y cristianos. Pero al pasar el tiempo y ver que
Nerón realmente no regresaba, se llegó a pensar incluso en que Satanás se
aparecería en forma de Nerón, o que incluso Satanás resucitaría a Nerón vivo.
Este versículo encuentra paralelo en
13,3-4.
El autor da pistas para comprender a quién se refiere
al emplear los símbolos apocalípticos (cfr. 13,18
(10)
cinco han caído, uno es, y el otro no ha llegado aún. y cuando llegue, habrá de
durar poco tiempo.
(11)
Y la Bestia, que era y ya no es, hace el octavo, pero es uno de los siete; y
camina hacia su destrucción.
Se habla en estos dos versículos de la Bestia de 13,18, aquella cuyo
número es el 666, es decir, Nerón (ver comentario sobre versículo 8).
(12)
Los diez cuernos que has visto son diez reyes que no han recibido
aún el reino; pero recibirán con la Bestia la potestad real, sólo por una hora.
Este versículo recuerda la cuarta bestia del sueño de
Daniel. Cuando el sueño es interpretado a Daniel, se le explica que los diez
cuernos en la cabeza de esta bestia son diez reyes como en este caso (cfr.
Dn 7,24). En el caso del Apocalipsis, estos reyes tendrán un gobierno muy
breve, según este versículo.
(13)
Están todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potestad que ellos
tienen.
De forma voluntaria estos reyes se
someterían al Culto Imperial.
(14)
Éstos harán la guerra al Cordero, pero el Cordero, como es Señor de Señores
y Rey de Reyes, los vencerá en unión con los suyos, los llamados y
elegidos y fieles.»
Con el título de Rey de Reyes y Señor de Señores nombra
Pablo a Dios cuando escribe por primera vez a Timoteo (cfr.
1 Tim 6,15).
Los reyes mencionados con sus imperios, perseguirán al
pueblo de Dios. Pero Dios junto con su pueblo elegido, linaje escogido,
sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido (cfr. 1 Pe 2,9) habrán finalmente de vencer a los reyes paganos que se
han sometido al Imperio Romano, y al Imperio Romano mismo.
(15)
Me dijo además:«Las aguas que has visto, donde está sentada la Ramera, son
pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.
El autor se refiere a todos los pueblos que han sido sometidos bajo el yugo del Imperio Romano.
(16)
Y los diez cuernos que has visto y la Bestia, van a aborrecer a la Ramera; la
dejarán sola y desnuda, comerán sus carnes y la consumirán por el fuego;
Se habla aquí de los conflictos internos en el gobierno de Roma, y en las guerras que harán menguar su poderío.
(17) poque Dios les ha inspirado la resolución de ejecutar su propio plan, y de ponerse de acuerdo en entregar la soberanía que tienen a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios.
Dios permite que todo esto suceda, sin embargo, el poder del Imperio Romano no prevalecerá. La palabra de Dios habrá de cumplirse y predominará sobre la persecución del Imperio.
(18)
Y la mujer que has visto es la Gran Ciudad, la que tiene la soberanía sobre los
reyes de la tierra.
Actualización
La fe de
los cristianos se ve sometida a duras pruebas planteadas por las situaciones
mismas de la vida cotidiana: la promoción de antivalores, de la promiscuidad,
del materialismo, seducen a muchos. Sin embargo, Cristo el Cordero, junto con
los que son fieles a él, habrán de vencer finalmente todas estas insidias.
Conclusión
Comprendiendo el significado del matrimonio de Dios con su pueblo, se puede
entender en contraparte la prostitución del Imperio Romano que hizo que muchos
pueblos le rindieran culto, y que persiguió al cristianismo precisamente por
rechazar estas prácticas, permaneciendo fieles a su alianza matrimonial con
Cristo Jesús. Es por esta fidelidad, que al final, pese a la persecución y
muerte de muchos cristianos, finalmente el Imperio Romano perdió su poder como
"dios imperial", llegando incluso con el paso del tiempo, a proclamar al
cristianismo como religión oficial del Imperio, bajo el reinado de Constantino.
El Apocalipsis de Juan fue escrito en el contexto de la persecución cristiana por
el Imperio Romano. Es en ese contexto donde encuentra el verdadero significado de sus símbolos.
Pero no hay que olvidar que el Apocalipsis, siendo no sólo una obra literaria,
sino la palabra de Dios, tiene también un sentido y enseñanza de índole
escatológica. Es por ello que lo que debemos aplicar de este libro en
nuestros tiempos, que tantas veces ponen a prueba nuestra cordura cristiana, es
la enseñanza de fe y esperanza desarrolladas en el texto, más que el pretender
emplear los símbolos empleados en el texto como referencias a eventos
cataclismicos que hemos de padecer.
El
Apocalipsis, incluyendo por supuesto el capítulo analizado en este artículo, no
es una obra de carácter destructivo. Antes bien, es un texto que ante todo,
alienta a la esperanza segura de que la verdad de Dios prevalecerá sobre todos
los males de la tierra.
Referencias bibliográficas
EDICION ESPAÑOLA DE LA BIBLIA DE JERUSALEN.
Desclee de Brouwer, Bilbao, 1998.
THE NEW AMERICAN BIBLE.
Catholic Bible Press, Nashville, 1987.
Carrillo, S., EL APOCALIPSIS. Instituto de Pastoral Bíblica, México,
1998.
Pérez, M., LA SEGUNDA BESTIA DEL
APOCALIPSIS - 666.
© Mauricio Israel Pérez López, 2000