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Por: Richbell Meléndez

Escuela de Apologética:

https://dasm.defiendetufe.com/inicio-r/

 

El Bautismo es uno de los sacramentos de iniciación cristiana junto a la Eucaristía y la Confirmación. Así lo expresa la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica.

 

CEC 1212 Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana. "La participación en la naturaleza divina que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad" (Pablo VI, Const. apost. "Divinaeconsortiumnaturae"; cf OICA, praen. 1-2).

 

Es mediante este sacramento que el hombre renace espiritualmente a una nueva vida en Cristo, al nacer de nuevo del agua y del Espíritu como le enseño Nuestro Señor Jesucristo a Nicodemo.

 

“Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.

No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo.”

(Juan 3, 5-7)

 

Vemos aquí la importancia del bautismo como un sacramento necesario para la salvación, ya que si no nacemos del agua y del Espíritu no podemos entrar al Reino de Dios.

 

También puede leer Tito 3, 5; 1 Pedro 3, 20-21.

 

El Bautismo es uno solo.

 

Es oportuno destacar respecto a este sacramento, que solo se realiza una vez en la vida, San Pablo nos confirma esto en su carta a los Efesios.

 

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos.”

(Efesios 4, 5-6)

 

Los Cristianos que son bautizados bajo la fórmula bautismal trinitaria “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19) ya sea cuando son infantes o adultos, no tienen necesidad de volverse a bautizar, la Iglesia reconoce el bautismo de aquellos cristianos que si bien nacieron fuera del seno de la Iglesia Católica o en algún momento se apartaron de esta y han decidido retomar su comunión con ella, como un bautismo valido.

 

El Código de Derecho Canónico dice: “Los bautizados en una comunidad eclesial no católica, no deben ser bautizados, a no ser que haya un motivo serio para dudar de la materia y la fórmula empleada en su administración, como la intención del bautizado, si era adulto, y del ministro”(CIC 869 § 2.)

 

De esta manera, vemos como se equivocan nuestros hermanos separados al re-bautizar a toda persona sobre todo católicos que llegan a sus denominaciones, haciendo caso omiso a la enseñanza paulina de “un solo bautismo” (Ef 4, 5) al no tener presente que el bautismo que recibimos los católicos es total y completamente valido, aunque lo hayamos recibido siendo infantes.

 

El Bautismo de infantes.

 

Está comprobado que es una práctica inmemorial cristiana primitiva el bautizar a los infantes hijos de una familia cristiana o conversa, podemos encontrar implícitamente esta práctica en textos bíblicos donde se hace alusión al bautismo de familias enteras, como por ejemplo los casos del bautismo al carcelero y a su familia en la madrugada (Hechos 16,33); al centurión Cornelio y a los suyos (Hechos 10,48); a Crispus, el oficial de la sinagoga y su familia (Hechos 18,8); y a Estéfano y toda su casa como Pablo nos cuenta en (1Cor.1,16).

 

¿Puede alguien pensar que en las familias anteriormente mencionadas, no encontramos la existencia de infantes? Algo muy poco posible en el contexto cultural al cual no estamos refiriendo.

 

Se debe de tener presente que como enseña San Pedro, es por el bautismo que se recibe el don del Espíritu Santo y que esta promesa no es solo para los padres de familia, sino también para sus hijos.

 

“Pedro les contestó: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro".

(Hechos 2, 38-39)

 

Es un hecho también confirmado por la historia cristiana, que la práctica de bautizar infantes tiene su origen en los apóstoles, así lo expresa el teólogo Orígenes de Alejandría.

 

“La Iglesia ha recibido de los apóstoles la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños. Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu.” (In Rom. Com. 5,9: EH 249)

 

Las comunidades protestantes históricas como los luteranos, reformados y anglicanos también practican el bautismo de infantes, sin embargo las comunidades protestantes en la actualidad sobre todo los denominados evangélicosrechazan tácitamente el bautismo de infantes, es esto de lo que se dio cuenta el Dr. Fernando Casanova siendo pastor protestante, cuando conoció a una señora luterana evangélica quien le dijo que había sido bautizada a los 6 meses de edad, lo cual impresiono al pastor quien pudo darse cuenta que el bautismo de infantes, no era solo una práctica católica, sino también protestante.

Puede ver el testimonio completo en: Fernando Casanova - Testimonios cristianos impactantes (Minuto 11:00)

 

De hecho, se pueden encontrar apologías protestantes respecto al bautismo de niños en obras protestantes como por ejemplo la obra de Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Libro IV, Capítulo XVI.

 

La fórmula bautismal.

 

Algunos grupos cristianos hacen énfasis en que el bautismo debe ser en nombre de Jesús para que este sea válido, aluden a varios textos de la Escritura para justificar su argumento.

 

•          “Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2,38)

•          “Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedase algunos días.” (Hechos 10,48)

•          “pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.” (Hechos 8,16)

•          “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.” (Hechos 19,5)

 

Como se puede notar, los textos mencionados anteriormente usan distintas expresiones, por ejemplo “en el nombre de Jesucristo” o “en el nombre del Señor Jesús”. Pero ninguna de estas dos expresiones se refiere a la formula bautismal, sino que aluden más bien a “bajo la autoridad” de quien se está realizando el bautismo y para diferenciarlo de otros bautismos. Cuando las autoridades judías interrogaron a los apóstoles, les preguntaron con qué poder o en nombre de quien habían realizado los bautismo y milagros.

 

“Y colocándolos en medio les preguntaban: "¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?"

(Hechos 4, 7)

 

Ante esta pregunta, la respuesta de San Pedro fue muy clara.

 

“sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros.”

(Hechos 4, 10)

 

Los apóstoles bautizaban bajo la autoridad de Jesucristo, es esto a lo que se refieren las expresiones anteriormente mencionadas, de la misma forma era necesario alegar que el bautismo era en “nombre de Jesucristo” para diferenciarlo de otros bautismos, como el de Juan.

 

“Ocurrió que mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso y encontró algunos discípulos; les preguntó: "¿Recibisteis Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?" Ellos contestaron: "Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que haya Espíritu Santo." Él replicó: "¿Pues qué bautismo habéis recibido?" - "El bautismo de Juan", respondieron.

 

Pablo añadió: "Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús."

Cuando oyeron esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús.”

(Hechos 19, 1-5)

 

Recordemos que el mismo Juan el Bautista, anuncio que el verdadero bautismo seria el que nos daría Jesús, mientras que el de él era solo una preparación para el verdadero bautismo del Espíritu Santo.

 

“Yo os bautizo con agua en señal de conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

(Mateo 3, 11)

 

El bautismo al que se refiere Juan, es el que Jesucristo menciona en la gran comisión cuando envía a sus discípulos a bautizar a todas las naciones y es aquí donde encontraremos la formula bautismal correcta.

 

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28,19)

 

Tenemos entonces que es el mismo Señor quien nos indica que el bautismo debe ser bajo la fórmula trinitaria. De igual forma es bueno tener presente lo que nos enseña San Basilio de Cesarea.

 

"Que nadie se deje engañar por el hecho de que el Apóstol con frecuencia omite el nombre del Padre y del Espíritu Santo cuando se menciona el bautismo; no deje que nadie suponga que la invocación de los nombres es una cuestión de indiferencia. Como muchos de ustedes dicen, "ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.” [Gal 3, 27], y de nuevo, “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?” [Rm 6, 3] el nombre de Cristo, que se ve, es la confesión del todo, ya que nos habla del Dios que unge, el Hijo que es ungido, y el Espíritu que es la unción. Si, a continuación, en el bautismo la separación del Espíritu del Padre y el Hijo es peligrosa para el que bautiza e inútil a la recepción, ¿cómo puede ser seguro para nosotros si separamos el Espíritu del Padre y del Hijo¿ Creemos en un Padre, un Hijo y un Espíritu Santo, así también, a continuación, somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ". (Sobre el Espíritu Santo XII, 28)

 

Las formas de administrar el bautismo.

 

La Iglesia siempre ha administrado el bautismo bajo tres formas:

 

-           Inmersión: Se sumerge el cuerpo o parte del cuerpo de la persona dentro del agua.

-           Infusión: Se vierte agua sobre la cabeza del que será bautizado

-           Aspersión: Se rocía con agua al que será bautizado.

 

Estas tres formas son totalmente validas en la Iglesia Católica, mientras que en la Iglesia Ortodoxa se usa más la forma de inmersión y en algunas comunidades protestantes como la Luterana la forma más usada es la aspersión, la Iglesia Católica enseña en el Código de Derecho Canónico: “El bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión, de acuerdo con las normas de la Conferencia Episcopal.”(CIC 869 § 2.)

 

En la Sagrada Escritura encontramos textos que de manera implícita nos dan evidencia de esas tres formas de bautizar.

 

Uno de los textos bíblicos que se usa para alegar que el bautismo debe ser por inmersión, es aquel donde se presenta el bautismo del Eunuco por parte del diacono Felipe.

 

“Y mandó detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y lo bautizó;”

(Hechos 8, 38)

 

Se piensa que porque el texto hace uso de la expresión bajaron al agua se está haciendo referencia a que el bautismo fue realizado por inmersión; y aunque algunos hermanos separados piensen que de por si todos los bautismos deben realizarse por inmersión, encontramos textos bíblicos que indican que esto no es posible, por ejemplo el caso del bautismo de San Pablo.

 

“Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre."

(Hechos 22, 16)

 

El texto indica que San Pablo recibió el bautismo de pie, esto solo podría darse en el caso de un bautismo por infusión (vertiendo agua sobre su cabeza) o aspersión (rociando con agua).

 

Objeciones más comunes

 

A pesar de que se ha demostrado que la enseñanza católica sobre el bautismo es consistente con lo que enseña la Biblia y ha enseñado el Cristianismo siempre, no faltaran personas que en base a diversas objeciones traten de demostrar que el bautismo administrado por la Iglesia Católica es falso o anti-bíblico. A continuación pasaremos a responder algunas de las objeciones que pueden presentarles:

 

1.- El bautismo debe ser solo por inmersión.

 

Algunos grupos cristianos no-católicos sobre todo los bautistas, hacen mucho énfasis en que el bautismo debe administrarse solo por inmersión, alegando que la palabra bautismo viene de la palabra griega baptizo que significa sumergir. Ya hemos dicho que la Iglesia acepta la inmersión como forma de bautizar, aun reconoce el significado de la palabra griega baptizo como sumergir. Pero no se piensa que la inmersión en agua sea lo importante, sino la inmersión en el Espíritu Santo, que simboliza el “morir” y “resucitar” con Cristo mencionado en Romanos 6, 3-5.

 

Anteriormente mencionamos que un ejemplo bíblico de que el bautismo no se administraba solo bajo la forma de inmersión, fue el caso del bautismo de San Pablo (Hechos 22, 16) pero también tenemos otro ejemplo en el Nuevo Testamento de que bautismo no solo se refiere a una inmersión, sino también a un rociamiento de agua, como lo encontramos en la carta de San Pablo a los Corintios.

 

“No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en relación con Moisés, en la nube y en el mar;”

(1 Corintios 10, 1-2)

 

San Pablo ve una prefiguración del bautismo, en el paso del Mar Rojo. ¿Fueron bautizadas estas personas sumergidas en el agua o rociadas por el agua? Vemos que entonces para San Pablo la palabra bautizar no se refiere solo a una inmersión.

 

2.- El bautismo debe administrarse solo a personas mayores que pueden creer, no a los niños.

 

Normalmente se escucha de parte de algunos cristianos no-católicos que el bautismo solo deben recibirlo aquellas personas que tengan la capacidad de creer por sí misma, no los niños que no tienen conocimiento de lo que es el bautismo, para justificar este argumento las personas suelen citar los textos de Marcos 16, 16 y Hechos 18, 8 donde se les pide a las personas que serán bautizados, que crean. Tenemos que entender que a quienes se les pide que crean, es aquellos que tienen la capacidad de hacerlo pero no se está limitando el bautismo a solo creyentes. Así lo observa el escritor protestante Dwight Hervey Small.: “La Biblia enseña "bautismo de creyentes"; ¡pero esto no quiere decir que enseñe el "bautismo de creyentes" solamente!”

 

Como ya se mencionó anteriormente, cuando una familia se convertía al Cristianismo era bautizada con todos los suyos, incluyendo a los niños. Porque como explico San Pedro “la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos” (Hechos 2, 39).

 

La promesa de la cual habla San Pedro es aquella que profetizo el profeta Joel.

 

“sino que es lo que dijo el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. Y también sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu.”

(Hechos 2, 16-18)

 

El Espíritu seria derramado sobre todos, no solo sobre los adultos, sino también sobre los hijos de los creyentes esto incluye a los niños.

 

3.- Los niños no necesitan bautizarse porque ellos no tienen pecados.

Esta objeción no solo está negando la práctica del bautismo de infantes, sino también la doctrina del pecado original, debido a que la razón por la cual se deben de bautizar a los infantes es porque ellos vienen manchados con el pecado original, como lo expresa el salmista.

 

“Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre”

(Salmos 51, 7)

 

San Pablo confirma que todos nacemos con el pecado original, en su carta a los Romanos.

 

“Por tanto, como por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron; … En efecto, así como por la desobediencia de un hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos.”

(Romanos 5, 12.19)

 

Por consiguiente todos los hombres nacemos con el pecado original, un pecado contraído no cometido. El Catecismo lo enseña de la siguiente manera:

 

CEC 404 ¿Cómo el pecado de Adán vino a ser el pecado de todos sus descendientes? Todo el género humano es en Adán "sicutunum corpus uniushominis" ("Como el cuerpo único de un único hombre") (S. Tomás de A., mal. 4,1). Por esta "unidad del género humano", todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo. Sin embargo, la transmisión del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente. Pero sabemos por la Revelación que Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él solo sino para toda la naturaleza humana: cediendo al tentador, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, que transmitirán en un estado caído (cf. Cc. de Trento: DS 1511-12). Es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto.

 

Partiendo de la razón ya explicada, es que se pide a los padres de familia que bauticen a sus hijos a temprana edad, para que de esta manera ellos renazcan de nuevo en una vida en Cristo (Jn 3, 5) y su pecado sea perdonado.

 

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Richbell Meléndez, laico católico dedicado a la apologética, colaborador asiduo de distintas páginas de apologética católica y tutor de la escuela de apologética online DASM.