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Por: Richbell Meléndez

 

La transubstanciación en la Escritura

 

La presencia real de Cristo en la Eucaristía, es una doctrina cuestionada por algunos protestantes que no logran comprender como es posible que un pan y un vino se conviertan en el cuerpo y sangre de Cristo después de pronunciar las palabras de consagración, esto a pesar que Jesucristo en la última cena fue muy claro cuando dijo:

 

“Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.” Lucas 22, 17-19 (Biblia Reina Valera 1960)

 

Ciertamente los protestantes no son las primeras personas que no comprenden como es que el pan puede ser convertido al cuerpo de Cristo y que debemos de comerlo como lo hicieron los apóstoles en la última cena. Algunos judíos que seguían a Jesús dejaron de seguirlo cuando este les dijo que debían de comerlo si querían tener vida eterna (Jn 6, 51) ante estas afirmaciones de Jesús, algunos judíos dijeron:

 

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? … Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” Juan 6, 52.60 (Biblia Reina Valera 1960)

 

Dice la Escritura que también muchos se marcharon al no comprender estas palabras de Jesús (Jn 6, 66) solo los verdaderos discípulos y apóstoles se quedaron, por eso vemos que Pedro le responde al Señor:

 

“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6, 68-69 (Biblia Reina Valera 1960)

 

Podemos darnos cuenta que solo los verdaderos discípulos de Jesús quienes creen el porqué lo reconocer como el Hijo del Dios viviente son los que comprenden sus palabras las cuales fueron confirmadas en la última cena donde Jesús después de las palabras de consagración convierte el pan y vino en su cuerpo y sangre, en ese momento sucede un milagro que no cualquiera puede entender sino es por fe y razón.

 

La Iglesia Católica ha definido a este milagro como “Transubstanciación” que en palabras del Cardenal Avery Dulles se explica de la siguiente manera: “La transubstanciación, es el proceso mediante el cual una sustancia, en nuestro caso la del pan o del vino, se transforma en otra sustancia, la del cuerpo y de la sangre de Cristo, sin experimentar ningún cambio físico-químico”

 

San Agustín de Hipona y la Transubstanciación

 

Ahora bien, este término fue usado para definir dogmáticamente la presencia real de Cristo en la Eucaristía en el Concilio de Trento (1545-1563) pero su uso es más anterior, en el siglo XIII debido a diversos errores que surgieron en el siglo IX, el Concilio de Letran (1215) tuvo que expresar de la siguiente manera la doctrina:

“Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre se contiene verdaderamente en el sacramento del altar bajo las especies de pan y vino, después de transustanciados, por virtud divina, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre” (Cap. I. De La fe católica)

 

Del texto anterior es que muchos piensan que la presencia real de Cristo en la Eucaristía se comienza a creer a partir del Concilio de Letran (1215) y no antes. Sin embargo, si vamos a los textos de los cristianos de los primeros siglos, podemos ver indicios de la creencia de una transformación o transubstanciación del pan y vino en el cuerpo y la sangre del Señor después de la consagración, consideremos por ejemplo el siguiente texto de San Agustín:

 

"Recordad, amadísimos, cómo el Señor Jesús quiso que lo reconocieran en la fracción del pan aquellos cuyos ojos estaban incapacitados para reconocerlo. Los fieles saben lo que estoy diciendo; conocen a Cristo en la fracción del pan. No cualquier pan se convierte en el cuerpo de Cristo, sino el que recibe la bendición de Cristo. (Sermones 234: 2)

 

Claramente San Agustín nos dice que no cualquier pan se convierte en el cuerpo de Cristo, sino el que recibe la bendición (consagración), esto demuestra que ya en el pensamiento de San Agustín se ven indicios de que el pan se transubstanciaba en el cuerpo de Cristo. Seguramente alguno dirá, pero como va a ser el cuerpo de Cristo, si nosotros seguimos viendo un pedazo de pan y no un pedazo de carne. Bueno ante esto, también responde San Agustín.

 

"Lo que estáis viendo es un pan y un cáliz, que vuestros mismos ojos os los hacen ver. En cambio, según la fe en que tenéis que ser instruidos, el pan es el cuerpo de Cristo, el cáliz es la sangre de Cristo." (Sermones 272)

 

La transubstanciación se trata de eso, lo que vemos como pan en su sustancia o su esencia ya no es pan, aunque en apariencia (accidente) sigamos viendo un pan, ahora es según nuestra fe el cuerpo de Cristo así como el cáliz es la sangre de Cristo. Cuando hablamos de accidentes, nos referimos a aquello que podemos ver, tocar, saborear y oler. Los accidentes se conservan cuando sucede la transubstanciación, pero la sustancia cambia. San Agustín fue claro en su sermón 227

 

“Ese Pan que veis en el altar, consagrado por la palabra de Dios, es el Cuerpo de Cristo. Ese cáliz, o mejor, lo que contiene el cáliz, consagrado por la palabra de Dios, es la Sangre de Cristo. Por aquellos accidentes el Señor quiso confiarnos su Cuerpo y la Sangre que derramó para la remisión de los pecados.” (Sermones 227)

 

La Transubstanciación y las Iglesias Ortodoxas

 

Finalmente podemos entonces entender que el Concilio de Letrán (1215) no invento nada nuevo, sino que solamente definió la presencia real de Cristo en la eucaristía con un término apropiado que para los católicos es “transusbtanciación” mientras que para los ortodoxos es su equivalente “metousiosis” como lo observa el sacerdote y teologo ortodoxo John Anthony McGuckin:

 

"El término griego metousiosis , que es comparable al latín transsubstantiatio , aparece en los textos litúrgicos y teológicos ortodoxos, aunque no con tanta frecuencia como en otros vocabulario (p. Ej., Metastoiqueiosis , un" cambio de elementos ") .” (La enciclopedia del cristianismo ortodoxo oriental (John Wiley and Sons 2010), p. 232)

 

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