DASM Escuela de Apologetica online

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No sé quién es el sr. Arias, sus credenciales no me han sido provistas y aparte del escrito recibido (párrafos numerados en itálicas y de color azul) no he leído nada de su autoría que pueda recordar. Examinemos lo que dice, no porque merezca ser examinado, sino para beneficio de los que me han provisto con la ardua tarea de trajinar este mamotreto. Las ideas aquí expuestas por el sr. Arias fueron refutadas en su tiempo por cristianos como San Pablo, San Agustín y otros padres de la Iglesia. Estos quistes reaparecen de vez en cuando y hoy los refutamos de nuevo para aquellos que no han tenido tiempo de leer y meditar la doctrina cristiana recibida de los Apóstoles y los Padres de la Iglesia. Párrafos insertados y numerados son citas del manuscrito del sr. Arias que es citado en su totalidad a lo largo de esta refutación.

 

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En un tiempo como el que nos toca vivir, en el cual los vientos del ecumenismo parecen soplar de nuevo con fuerza, no es fácil plantarse firme e intentar decir cuatro o cinco verdades acerca de los "hermanos separados". Yo, que durante casi 9 años de mi vida fui cristiano evangélico, sé lo que es estar a los dos lados de la acera. Y se da un hecho innegable a la vez que peculiar. Mientras que en la acera protestante-evangélica podemos encontrarnos a una gran mayoría de "hermanos" que rechaza la posibilidad de que seamos cristianos los católicos verdaderos, que creemos por tanto en todos los dogmas de la Iglesia, en la acera católica no abundan aquellos que ponen en duda la naturaleza cristiana del protestantismo evangélico. Sin entrar a valorar, no merece la pena, la opinión anticatólica de esa mayoría de protestantes-evangélicos, creo necesario dar una serie de puntos claves por las que los católicos en general, y los que tienen un contacto más habitual con los protestantes en particular, deberían de ser menos optimistas en cuanto a la existencia de un elemento cristiano genuino en la eclesiología del protestantismo.

 

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Reflexiones sobre un sentir común, con poco sentido común.

"Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas". Nos suelta un amiguete. ¡Vale tío, vale! Uno es libre de creer o no creer, de ser católico o budista, agnóstico o creyente, capitalista o comunista... o del Madrid. Todos nos merecen respeto cuando actúan con honestidad. Pero, quien dice creer en Dios, y se llama cristiano, y además es persona de cierta cultura, no puede quedarse "más ancho que pancho" tras esa parida mental. Además, nos miró por encima del hombro y con un gesto de paternal benevolencia, sonriente, consideró con esa parrafada, justificada una faceta particular de su vida. ¿Qué quiso decir este amigo nuestro? ¿Sabía lo que decía? ¿Se trata de una de esas tonterías que todos decimos de vez en cuando? ¿Se imaginan a este caballero diciendo: Yo creo en el socialismo, pero no en los socialistas. Más que oponerse a la Iglesia, al P.P., al PSOE o a cualquier otro partido político se oponen a la idea que ellos tienen de estos organizaciones. La realidad tiene muy poco que ver con sus ideas, frutos de prejuicios que pululan en el ambiente y de una escasa formación. No han leído a los Evangelios, ni a Marx, ni a Hengel, ni se han preocupado de leer los escritos del Papa o los programas de los diferentes partidos. Se limitan a "hablar alto y fuerte" de todo lo que no entienden, lo que constituye un insulto mental a cualquier inteligencia.

 

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