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Por: Richbell Meléndez

 

El purgatorio es la creencia en un estado de purificación final por el cual todas las personas debemos de pasar antes de entrar al reino de los cielos, ya que recordemos que en el cielo no entrara nada manchado (Ap 21, 27) y ante Dios debemos de presentarnos en total santidad (1 Pe 1, 16) sin embargo hay personas que se oponen a esta creencia, no por lo que enseña sino por tergiversarla o por el simple hecho de que fue la Iglesia Católica quien la definió con su autoridad mediante algunos concilios como lo observa el Catecismo.

 

“La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador” (Catecismo de la Iglesia Católica #1031)

 

La Iglesia Católica no invento el purgatorio de la nada, como alegan algunos protestantes, sino que como se aprecia en el Catecismo, esta se fundamentó en textos de la Escritura que implica la existencia de un proceso de purificación de la persona. A pesar de estas referencias bíblicas muchos prefieren ignorarlo y alegar que el purgatorio no existe, sin embargo, si la persona deja sus prejuicios contra la Iglesia Católica y se decide a entender la esencia del purgatorio, podrá llegar a aceptarla por simple sentido común.

 

Martín Lutero es un ejemplo de esto, cuando antes de adoptar la idea del “sueño del alma” (1542) que fue el error que lo llevo a negar posteriormente la creencia en el purgatorio, escribió en 1521 lo siguiente:

 

La existencia de un purgatorio nunca la he negado. Todavía sostengo que existe, como he escrito y admitido muchas veces, aunque no he encontrado manera de probarlo de manera incontrovertible a partir de las Escrituras o la razón … en fin, yo mismo he llegado a la conclusión de que hay un purgatorio, pero no puedo obligar a nadie a que llegue al mismo resultado.” (Defensa y explicación de todos los artículos (1521) en Luther's Works , 32:95.)

 

Se puede apreciar que cuando la persona no tiene prejuicios contra la Iglesia o ideas equivocadas, puede aceptar la existencia del purgatorio, aunque no pueda probarla a partir de las Escrituras o la razón. Pero es que, de hecho, la creencia en el purgatorio si puede probarse por las Escrituras, pero también a partir de la razón, como lo menciona el filósofo y teólogo protestante Gottfried Wilhelm Leibniz quien afirmo lo siguiente:

 

«Yo personalmente sostengo que un cierto castigo temporal después de esta vida es bastante razonable y probable (...) La remisión de los pecados que nos libra de los dolores del infierno en virtud de la sangre de Jesucristo no impide, sin embargo, que haya todavía algún castigo en esta vida o en la otra, y la que está en almacenar para nosotros en la otra vida que sirve para purgar las almas se llama purgatorio. La Sagrada Escritura lo insinúa, y la razón lo respalda con el argumento de que según las reglas del gobierno perfecto, que es el gobierno de Dios, no debe quedar ningún pecado completamente impune.» (Citado en Purgatory: Philosophical Dimensions - Kristof Vanhoutte, Benjamin W. McCraw. pp. 112-113)

 

Entonces el purgatorio se puede probar por las Escritura y por la razón, pero el protestante debe de dejar los prejuicios y no tergiversar la doctrina para poder aceptar el purgatorio. En la concepción escatológica protestante se puede concebir la doctrina del purgatorio.  

 

LA DOCTRINA DEL PURGATORIO Y LA CONCEPCIÓN ESCATOLOGICA PROTESTANTE DE UN BAUTISTA.

 

El filósofo religioso protestante bautista Jerry L. Walls después de haber escrito sobre el cielo y el infierno, completo una trilogía con un libro sobre el purgatorio, titulado "Purgatory: The Logic of Total Transformation" (2011).

 

El mismo recibió una crítica positiva en la Universidad Católica Romana de Notre Dame Philosophical Reviews .

 

"Históricamente informado, filosóficamente competente y teológicamente alerta, el resultado es un libro impresionante. Su objetivo no es probar que una doctrina del purgatorio sea verdadera. Es sugerir que, en una comprensión dada del purgatorio, las Escrituras no entran en conflicto con ella, las doctrinas cristianas centrales no son inconsistentes con ella, y la gracia no es negada por ella. En cambio, la gracia se cumple a través de ella. "

 

La web protestante "El Siglo Cristiano" sugirió que, si los protestantes siguieran la lógica de Walls, podrían aceptar su punto de vista de un estado intermedio sin llamarlo purgatorio.

 

Dentro de la cristiandad temprana, él encuentra "pistas bíblicas del purgatorio" y las examina. En una encuesta de escritores cristianos, a quien llama los "Padres y Madres del Purgatorio", Walls encuentra el comienzo de la doctrina del purgatorio en sus escritos. Estas tres fuentes condujeron al "nacimiento del purgatorio" en el siglo XII. El siglo XIII vio los comienzos de la adopción del purgatorio y su adopción como doctrina en 1274.

 

Walls no basa su creencia en el purgatorio principalmente en las Escrituras, las Madres y Padres de la Iglesia,(autoridad doctrinal) de la iglesia católica. Más bien, su argumento básico es que, en una frase que usa a menudo, "tiene sentido".

 

Para Walls, el purgatorio tiene una lógica como en el título de su libro. Walls documenta el "contraste entre los modelos de satisfacción y santificación" del purgatorio. En el modelo de satisfacción, "el castigo del purgatorio" es satisfacer la justicia de Dios.

 

En el modelo de santificación, Wall escribe que "el Purgatorio podría ser representado ... como un régimen para recuperar la salud espiritual y volver a la forma moral".

 

Jerry L. Walls también menciona un punto importante que permite entender el porqué los protestantes comenzaron a rechazar la creencia en el purgatorio, en un artículo titulado “Purgatorio para todos” (2002) nos dice que si el protestantismo fuera entendido la justificación por la fe como la entendió el cristianismo anterior al protestante que como señala Alister Mcgrath solo invento un “novun teológico” respecto a la doctrina de la justificación, las objeciones contra el purgatorio serían irrelevantes.

 

Algunos protestantes van tan lejos como para insistir en que el purgatorio equivale a una negación de la justificación por la fe. Sin embargo, insisto en que todo depende de lo que se entienda por justificación y por la fe . Como ha demostrado Alister McGrath, la visión tradicional era que la justificación implica en realidad hacernos justos, y que esto es lo que finalmente nos restaura a una relación amorosa con Dios. Fue una innovación protestante separar la justificación de la santificación e interpretar la primera principalmente en términos legales y forenses. Pero dado que la justificación así entendida no nos hace realmente justos, es simplemente irrelevante como objeción al purgatorio.

 

Interesante comentario, el rechazo a la doctrina del purgatorio es por una tergiversación de la doctrina de la justificación por la fe, en otras palabras, gracias al “novun teológico” de la “sola fide” protestante es que el protestante comenzó a rechazar la creencia en el purgatorio. Pero aun así, si apelamos a la razón, podemos confesar lo esencial y luminosa que es la doctrina del purgatorio como lo hizo el apologista anglicano C.S. Lewis.

 

RECONOCIDO PROTESTANTE C.S LEWIS CONFESABA LO ESENCIAL Y LUMINOSA QUE ES LA DOCTRINA DEL PURGATORIO.

 

El escritor inglés Joseph Pearce en su libro “C.S. Lewis y la Iglesia católica” comenta lo siguiente respecto a la creencia de este apologista ingles, honrado por muchos protestantes y católicos como lo fue C.S. Lewis.

 

"Precisamente al ver la transformación y purificación del alma por la gracia de una forma tan clara y dramática, C.S Lewis acaba por entender que la doctrina del Purgatorio es no solo esencial, sino luminosa. Le dedicó bastante espacio en "Si Dios no escuchase. Cartas a Malcolm," su último libro, publicado póstumamente en 1963.

 

«Nuestras almas necesitan el purgatorio, ¿verdad? Se nos partiría el corazón si Dios nos dijese: “Hijo mío, es verdad que te huele el aliento y tus harapos chorrean mugre y lodo, pero somos caritativos y nadie te va a regañar ni se va a apartar de ti por eso. Entra en el cielo”. Si fuese así, responderíamos: “Con todo el respeto, Señor, y si no hay inconveniente, preferiría que me lavasen primero”. “Pero igual te duele”. “Incluso así, Señor”» [C. S. Lewis, Si Dios no escuchase. Cartas a Malcolm, Ed. Rialp, Madrid, 2008.].

 

Este tratamiento de la purificación del alma, como el que hace en el resto de su obra, ha provocado suspicacia en todo el espectro protestante desde los baptistas hasta los miembros de la alta Iglesia anglicana. Creer en el purgatorio está expresamente prohibido en el artículo 22 de los 39 Artículos del Book of Common Prayer anglicano. Que C. S. Lewis creyese en una doctrina católica en contradicción específica con su propia denominación ha causado lógicamente que el lector medio se pregunte por qué no fue en consecuencia católico.

 

Además de creer en una acción purificadora y limpiadora del alma a través de la gracia en la vida presente y futura, Lewis también se decantó por entender el efecto de la gracia en cooperación con el cuerpo y la voluntad humana más que en términos exclusivamente espirituales, como, por ejemplo, mediante la inhabitación del Espíritu Santo en el «templo» que es el cuerpo." (C.S. Lewis y la Iglesia católica. España: Editorial Palabra. p. 19)

 

C.S Lewis también hizo referencia a su creencia en el purgatorio en otros escritos como: "El gran divorcio" (1946), "Mero Cristianismo" (1960), "Una pena observada" (1976), "Carta a la hermana Penélope" (1963).

 

A pesar que reconocidos apologistas protestantes como C.S. Lewis reconociera lo esencial y luminosa que es la doctrina del purgatorio en varios de sus escritos, no faltan aquellos protestantes que tergiversando la doctrina usan como razón para rechazarla, alegar que si creemos en dicha doctrina estamos creyendo que el sacrificio de Cristo fue insuficiente o que estamos negando las doctrinas de la gracia.

 

LA CREENCIA EN EL PURGATORIO NO NIEGA EL SACRIFICIO DE CRISTO

 

Este es uno de los argumentos favoritos de los protestantes cuando quieren negar y rechazar la doctrina del purgatorio, claramente tergiversando la esencia del purgatorio y basándose en el error de la justificación por “sola fide” como la definió el protestantismo que como ya menciona Jerry L. Walls citando a Alister Mcgrath fue un “novun teologico”, sin embargo, en su libro “Purgatory: The Logic of Total Transformation” publicado en 2012 refuta dicho argumento diciendo lo siguiente:

 

es simplemente irrelevante apelar a la sangre de Cristo y la expiación como base para rechazar el purgatorio, a menos que uno asuma que el objetivo del purgatorio es el castigo para satisfacer la justicia de Dios.” (Purgatory. p. 72)

 

Del mismo modo Tony Lane quien es profesor de teología histórica en la London School of Theology y pastor de la Iglesia Evangélica Northwood Hills, en un artículo titulado “¿Deberían los protestantes reclamar el purgatorio?” publicado en 2017 menciona lo siguiente:

 

“¿Qué pasa con el Purgatorio como proceso de purificación? Las doctrinas de la gracia y la suficiencia de Cristo no son necesariamente contrarias a la idea de santificación y la necesidad de purificación del pecado. Si el Purgatorio se ve como la continuación y culminación de ese proceso, entonces no es contrario a estos principios protestantes básicos.

 

La idea de CS Lewis del Purgatorio como un tiempo de limpieza y purificación después de la muerte es una teoría más plausible. Completa el proceso de santificación. Después de todo, si murieras y fueras al cielo hoy, ¿estarías listo para pararte frente a un Dios perfecto? Ciertamente, nuestros pecados son perdonados y somos justos ante sus ojos, pero la formación de nuestro carácter puede ser un proceso más largo. ¿Esas partes, aún sin perfeccionar, necesitarían derretirse primero en el asombroso fuego de su santo amor?

 

Eso que Tony Lane llama “fuego de su santo amor” es lo que la Iglesia Católica llama “fuego purificador” como lo menciona el Catecismo de la Iglesia Católica #1031

 

Conclusión:

 

Toda persona que razone sin prejuicios la esencia del purgatorio como ese estado de purificación final que obra por la gracia de Dios, por el que toda persona debe de pasar antes de entrar al cielo a la plena presencia de Dios, sin tergiversar el concepto del mismo puede aceptar la creencia en el purgatorio o al menos su esencia. Finalmente nos dice Jerry L. Walls “el purgatorio, entendido adecuadamente, no es una alternativa a la gracia, sino que es en sí misma una expresión de gracia.” Es de este modo que católicos, ortodoxos y protestantes deben de entender la doctrina del purgatorio.

 

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Por: Richbell Meléndez


En esta segunda parte el diálogo se centrará en hablar de los últimos dogmas marianos proclamados por la Iglesia: la inmaculada concepción y la asunción de María a los cielos.

 

Evangélico: ¿Por qué ustedes los católicos creen que María fue una mujer sin pecado, lo que ustedes llaman Inmaculada Concepción? Si la biblia dice que todos pecaron (Rom 3, 23) y que hace a Dios mentiroso quien dice que no tiene pecado (1 Jn 1, 10)

 

Católico: Ciertamente los católicos creemos que María no tuvo pecados personales, pero la inmaculada concepción se refiere es a que ella fue preservada del pecado original por una gracia especial en atención a los méritos de Jesucristo como lo explica el Catecismo 491, aunque claro al no tener pecado original tampoco tuvo pecados personales y justamente de eso habla el texto de Rom 3, 23 y 1 Jn 1, 10 de pecado personales. Aún así no se puede tomar literalmente Rom 3 ya que la palabra “todos” no se puede tomar en sentido absoluto, porque no todos fueron privados de la gloria de Dios. Tenemos el caso de Enoc (Gn 5, 24) y Elías (2 Rey 2, 11) que fueron llevados al cielo. Además, Pablo al igual que Juan habla de pecados cometidos, no contraídos como el pecado original.

 

También el mismo Juan dice que quien permanece en Dios no peca (1 Jn 3, 6) mucho menos María que tuvo en su vientre al mismo Dios encarnado.

 

Evangélico: María no puede ser inmaculada sin pecado, porque ella misma reconoció que Dios era su salvador (Lucas 1, 47)

 

Católico: Claro que María reconoció a Dios como su salvador, porque lo fue. Pero Dios la salvo de forma distinta a nosotros. Un teólogo católico lo explica de esta manera: “Dios salva levantando al que cae, pero también no dejando caer.” A María la preservo del pecado original porque podría hacerlo (Jd 1, 23-24) esa es una forma de salvarla.

 

Evangélico: Si María fue inmaculada sin pecado, entonces sus padres también tuvieron que serlo.

 

Católico: No, la que fue elegida para ser la madre de Dios fue María y por eso es llamada “llena de gracia” (Lc 1, 28) y si vemos el texto en su lengua original junto a su contexto implica que María siempre estuvo llena de la gracia de Dios y el versículo 30 señala que la gracia la hallo María no sus padres. Santa Ana llevo en su vientre a María no a Dios.

 

Evangélico: Y en Lucas 2, 22-24 se dice que María tuvo que hacer una ofrenda para purificarse de su pecado

 

Católico: Con respecto a la ofrenda de María mencionada en Lc 2, 22-24 no prueba que María fuera pecadora, solo que cumplió con la ley de Lv 12, 6-7 ya que Jesús había nacido bajo la ley como lo dice Gal 4, 4. No porque ella necesitara purificarse de un pecado, sino para cumplir con la ley como también lo hizo Jesús cuando se bautizó no teniendo necesidad de ello (Mt 3, 13-15)

 

Evangélico: La asunción de María no aparece en la biblia. Se invento en 1950

 

Católico: El hecho de que algo no aparezca en la biblia de forma explícita no quiere decir que no lo haga de forma implícita. En este caso la Asunción de María se puede ver en la figura de María como la mujer de Ap 12. También podemos ver la Asunción en la tipología de María como el Arca de la Nueva Alianza considere el paralelo entre 2 Sam 6, 9 y Lc 1, 43. Ahora el Salmo 132, 8 también nos da una imagen de lo que sería la asunción de María como Arca de la Nueva Alianza ya que Ap 11, 19 está conectada con Ap 12

 

El mismo Martín Lutero creía que María fue asunta a los cielos.

 

“No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos.”

(Sermón, 1 de septiembre de 1522)

 

Mucho antes de 1950 ya el cristianismo lo creía. No se inventa en 1950, se proclama como dogma de fe.

 

Evangélico: En Apocalipsis 12 no se habla de María sino de Israel o la Iglesia

 

Católico: El texto de Apocalipsis 12 es multivalente tiene múltiples significados y uno de ellos se refiere a María madre de Dios como lo señala el versículo 5. Además, que se habla de una señal en el versículo 1 al igual que Is 7, 14.

 

Evangélico: Y en Juan 3, 13 se dice que nadie subió al cielo, sino que Jesucristo descendió del cielo.

 

Católico: Jesús lo que está diciendo es que nadie había ascendido al cielo en el momento que él dice esas palabras. No está negando que alguien haya subido al cielo por el poder de Dios (asunción) porque recordemos que Enoc y Elías fueron llevados al cielo. Así mismo María fuera asunta a los cielos. Juan usa ese texto para confirmar la divinidad de Cristo que venía del cielo no para negar la asunción de María a los cielos.

 

Finalmente, la Inmaculada Concepción y la Asunción de María están asociadas y no se puede entender uno sin el otro, ya que por el hecho de María ser preservada del pecado original, no sufriría la corrupción en la tumba (Gn 3, 17) y el Salm 15, 10 refiriéndose a Jesús confirma esto.  Estas verdades representan el cumplimiento de las promesas de Dios, para todos los cristianos que creemos que un día todos seremos resucitados en una forma gloriosa y luego arrebatados e inmaculados para estar con Jesús para siempre (1 Tes 4, 17-18).


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Por: José Miguel Arráiz

 

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Una de las principales diferencias entre un católico y un protestante, es que mientras el primero valora y atesora la sabiduría de sus antepasados y predecesores en la fe, custodiada por la Iglesia y contenida en lo que llamamos “Sagrada Tradición”, el segundo tiende a ver este magnífico patrimonio como “tradiciones humanas” o “doctrinas de hombres”, un conjunto de elucubraciones que no tienen sino la finalidad de distraer al cristiano del centro mismo de la fe en Cristo.

 

Ciertamente hay distintos grados de radicalismo en estas posturas tanto entre protestantes como entre católicos, pero definitivamente, si un protestante es protestante, es precisamente porque ha rechazado las enseñanzas y doctrinas de la Iglesia pensando que se ha corrompido y que es él, como individuo (y quienes piensan como él) quien tiene la verdad.

 

No es para mi raro escuchar de hermanos protestantes interrogantes como:

 

“¿Para qué necesito los concilios y los padres de la iglesia?”

 

Para hacer unas reflexiones en respuesta a estas interrogantes, me he animado a escribir estas líneas.

 

La principal respuesta la resumiría en este texto bíblico: “Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error” Efesios 4,14

 

La importancia de la Iglesia primitiva a la hora de entender las Escrituras

 

Alguien se preguntará: ¿Pero como me van a ayudar los concilios y los padres de la Iglesia a no andar a la deriva y ser zarandeado por cualquier viento de doctrina?.

 

En primer lugar por que es gracias a los padres de la Iglesia que podemos conocer como interpretaban y entendían las Escrituras aquellos que nos precedieron en el camino de la fe, muchos de los cuales recibieron su enseñanza directamente de los apóstoles y sus sucesores.

 

Si tomaramos como punto de referencia la Eucaristía, ¿quien tendrá razón? ¿Ignacio de Antioquía que creía en la presencia Real de Cristo en la Eucaristía, habiendo escuchado el evangelio de Pedro y Pablo, o Ulrico Zwinglio que la negaba dieciseis siglos después? Lo mismo es válido para cada punto de fe y doctrina.

 

Los concilios, forma bíblica de mantener la unidad doctrinal que Cristo exige.

 

“ Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio.” 1 Corintios 1,10

 

Si a esto agregamos que no es lícito según el mandato de Cristo que cada creyente profese las doctrinas que le parezca en total anarquía doctrinal respecto al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, no será dificil ver en los concilios, más que una imposición “humana”, han sido el recurso utilizado por Dios y establecido por los apóstoles para resolver las diferencias en asuntos importantes. Para “atar” y “desatar” las verdades de fe.

 

Así por ejemplo, en el primer conflicto serio que tuvo que enfrentar la Iglesia (Hechos 15), la solución no vino porque cada quien tomara una actitud individualista, negando necesitar del resto, sino que se reunieron como un solo cuerpo en concilio, y la decisión de este fue acogida por todos los cristianos.

 

A muchos protestantes se le enseña de forma insistente que para comprender las Escrituras no necesitan de nadie, sino la única y exclusiva guía del Espíritu Santo.

 

¿Que hubiera ocurrido si los judaizantes se hubieran obstinado sin dar su brazo a torcer?. Quizá muchos de nosotros seguiríamos teniendo que circuncidarnos.

 

Lo mismo cuando surgieron herejías que negaron la divinidad de Cristo, la divinidad del Espíritu Santo y tantas otras verdades de fe, la Iglesia pudo luego de profundizar y reflexionar en las verdades contenidas en el depósito de la fe, explicitarlas para bien de la Iglesia.

 

Es por eso que es hoy día, donde la libre interpretación de la Biblia se proclama a todo pulmón por el protestantismo, cuando todas las herejías, inclusive aquellas que habían sido completamente erradicadas, han podido resurgir con más fuerzas y nuevos matices.

 

Las divisiones en la Escritura

 

“Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu.” Judas 18-19

 

“Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos” Romanos 16,17

“Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: … divisiones, disensiones…”

 

Basta conocer un poco las Escrituras para darse cuenta que las divisiones en la Iglesia no son bien vistas. Son reconocidas como una obra de la carne, se nos manda a apartarnos de quienes las producen. Incluso estos son calificados como “hombres sarcásticos que viven según sus propias pasiones impías”. Y aunque en varias ocasiones me he encontrado con pastores que me han afirmado tajantemente que las divisiones son “beneficiosas” - menuda forma de justificar lo injustificable -, lo cierto es que un grupo que se divide continuamente deja constancia de que si tenía la verdad, se aleja de ella, ya que dos posturas opuestas no pueden ser ciertas.

 

¿Cual es el germen de la división?

 

Cualquier división y cisma es originada en primer lugar por la soberbia. Y es que quien se aparta de la Iglesia pensando que esta se equivoca, mientras que él es quien tiene razón, está en primer lugar siendo individualista, pues coloca su juicio privado sobre el de la Iglesia como colectivo. Está siendo también autosuficiente, porque rechaza la idea de necesitar la guía de la Iglesia. Está siendo desobediente, porque rechaza su autoridad. Está siendo arrogante porque está menospreciando la posibilidad de sabiduría de sus hermanos y antepasados en la fe, y por último está cegado, al ser incapaz de considerar la posibilidad de estar equivocado, y de reconocer la diferencia entre lo que él interpreta de la Escritura y lo que realmente puede querer decir.

 

Esto último se hace patente cuando vemos a miembros de distintas denominaciones protestates, creer que sus posiciones teológicas son ciertas porque “lo dice la Biblia”, pero cuando se compara con lo que otras denominaciones profesan vemos serias contradicciones. Lo curioso es que esas otras denominaciones también dicen creer lo que creen “porque lo dice la Biblia”. Y así tenemos un circulo vicioso donde surgen nuevos grupos que intentan reformar a los grupos de donde emergieron, creyendose mejores que los anteriores y más “iluminados”.

 

Desde esta perspectiva de autosuficiencia se suele ver al católico como un ser incapaz de pensar que acepta ciegamente todo lo que su Iglesia le diga. No pueden entender que el porqué de la postura católica, porque para hacerlo tendrían que abandonar su suficiencia, pero como la mayoría de las veces es inconsciente, es casi una misión imposible

 

Divisiones doctrinales protestantes

 

Hoy día el panorama es desolador. Las comunidades eclesiales protestantes se han dividido de forma exponencial muchas de ellas formando sectas destructivas y ciegamente anticatólicas. La mayoría tienen en común su odio a la Iglesia Católica, presentando a su vez grandes discrepancias entre las doctrinas cristianas fundamentales.

 

A continuación resumo algunas de las que considero más importantes:

 

Divisiones en cuando a cristología

 

Una doctrina que el protestantismo compartió con la fe católica era la fe Trinitaria, sin embargo hoy día la cantidad de denominaciones que se han adherido a las antiguas herejías cristológicas (y que se han inventado otras nuevas) es incontable.

 

He tomado de un foro evangélico Ekkesia Viva un listado parcial a los que ellos mismos llaman “Sectas no Trinitarias":

 

Unicitarios (modalistas), que creen que Dios es uno, pero creen que al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son manifestaciones, y no Personas. Ejemplos: Iglesia Pentecostal Unida.

 

Los que creen que Dios tiene tres “partes” y no tres personas. Típicamente, así creen muchos grupos judío-mesiánicos.

 

Los que niegan la plena divinidad de Cristo. O sea, creen que Cristo es el Hijo de Dios, pero no creen que ES Dios. Son subordinacionistas: Creen que el único Dios verdadero es el Padre y que las otras dos personas divinas sólo son manifestaciones algo inferiores, que fluyen del Padre. Ejemplo: “Iglesia La luz del Mundo", “Iglesias Cristianas de Dios".

 

Los politeístas Creen que el Padre y el Hijo son dos dioses separados. Ejemplo: Tito Martínez de España y su grupo. Se especializa en difundir su doctrina por Internet.

 

Los que niegan la divinidad y personalidad del Espíritu Santo: Iglesia de Dios Universal -WCG (*), los seguidores de Herbert Armstrong-, y varios de los grupos ya mencionados arriba.

 

Y dan también esta lista parcial como “grupos heréticos” (luego agregaron muchos otros)


Iglesia Pentecostal Unida, Iglesia del Dios Vivo columna y baluarte de la verdad, Iglesia de Dios Unida, la Luz del Mundo, Iglesia de Dios del 7mo. Día, Iglesia de Dios Israelita, Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, Casa del Alfarero, Iglesias Cristianas de Dios, Creciendo en Gracia, Iglesia Evangélica Cristiana Espiritual, La mayoría de grupos judeomesiánicos, Algunos cuáqueros, Iglesia de Dios Cristiana y Bíblica.

 

Divisiones referentes a la Eucaristía

 

En el coloquio de Marburgo en 1529 se establecía la primera gran brecha entre protestantes, al serles imposible llegar a un acuerdo a Martín Lutero y Ulrico Zwinglio en lo referente a la presencia real de Cristo en la Eucaristía (Lutero la defendía y Zwinglio la rechazaba).

 

Hoy día el manual del Prof. Georg Metzger basado en el catecismo de Lutero dice:

 

“Nuestro catecismo nos dice: “Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo.” Quiere decir que es el cuerpo real, natural de Cristo y su sangre real y natural. ¿Por qué enfatiza eso nuestro catecismo? Lo hace a causa de los falsos profetas e iglesias que no quieren creer el misterio de la Santa Cena. Especialmente las iglesias reformadas, las sectas, los metodistas, los pentecostales, de hecho, todas las otras iglesias protestantes fuera de la luterana enseñan así. No quieren creer estas palabras de Cristo; no quieren creer que estén realmente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena y que los que vienen al sacramento realmente coman y beban estas cosas. Es en verdad un misterio maravilloso. No podemos comprenderlo por nuestra razón. Nos parece imposible. En consecuencia, esas iglesias enseñan que se tiene que tomar las palabras de Cristo figuradamente, entenderlas en otro sentido. Según ellos, Cristo no quería decir que la Santa Cena realmente fuera su verdadero cuerpo natural, sino solamente que el pan significa su cuerpo, que lo retrata. Se refería solamente al cuerpo espiritual de Cristo. Los cristianos deben recibir este cuerpo espiritual en la Santa Cena, o sea, Cristo y sus beneficios, con fe, mientras que el verdadero cuerpo natural del Señor está sentado en el cielo. Contra estos falsos profetas, que se basan en su propia razón, nuestro catecismo dice: “Es el verdadero cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo.”” Manual de teología Luterana, Prof. Georg Metzger basado en el catecismo de Lutero

 

Lo cual es en escencia lo mismo que había definido la solemte confesión de Augsburgo en 1530:

 

“En cuanto a la Santa Cena del Señor, enseñamos que el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo están realmente presentes, distribuidas y recibidas en la Cena bajo las especies del pan y del vino. Rechazamos pues la doctrina contraria.” Confesión de Augsburgo (Luteranos), Artículo 10 La Santa Cena del Señor
(Aún así, la posición Luterana difiere de la católica, ya que define la presencia real a través de la consubstanciación)

 

Pero mientras los luteranos anatemizan como falsos profetas a quienes profesan la doctrina contraria, los reformados y calvinistas defendían la posición contraria.

 

“Esa doctrina que sostiene un cambio de sustancia del pan y del vino a la sustancia del cuerpo y de la sangre de Cristo, (llamada comúnmente transubstanciación), por la consagración del sacerdote, o de algún otro modo, es repugnante no sólo a la Escritura sino también a la razón y al sentido común; echa abajo la naturaleza del sacramento; y ha sido y es la causa de muchísimas supersticiones, y además una crasa idolatría” Confesión de Westminster, Capítulo 29.VI. De la cena del Señor

 

Divisiones protestantes en cuanto al tema de la salvación

 

A pesar de la salvación por la sola Fe fue uno de los gripos de batalla en la reforma, no pasó mucho tiempo para que comenzaran a surgir divisiones inclusive en este punto.

 

En el siglo XVII por ejemplo, Jacobo Armiño predicó que la libre voluntad humana puede existir sin limitar el poder de Dios o contradecir la Biblia, lo cual era un duro golpe al luteranismo y al calvinismo que negaban el libre albedrío (Erasmo de Rotterdan, humanista católico en su Libero Arbitrio ya había refutado la doctrina Luterana en este sentido, a lo que Lutero respondió de forma iracunda con su de Servo Arbitrio). Tras la muerte de Arminio, un grupo de ministros que simpatizaban con sus puntos de vista desarrollaron una teología sistemática y racional basada en sus enseñanzas. En su declaración, protesta publicada en 1610, los arminianos afirmaban que la elección estaba condicionada por la fe, que la gracia podía ser rechazada, que la obra de Cristo estaba pensada para todas las personas, y que era posible perder la salvación.

 

En el Sínodo de Dort o Dordrecht (1618 -1619), los Sumos Calvinistas prevalecieron sobre el grupo de los arminianos y condenaron a los que estaban en desacuerdo con su teoría. El Sínodo de Dort declaró que la obra de Cristo estaba destinada sólo a aquellos elegidos para la salvación, que la gente que creía no podía perder la gracia. Los evangélicos armíñanos fueron entonces totalmente prohibidos en Holanda por el resto de evangélicos calvinistas hasta 1630, y desde entonces no sin reservas hasta 1795. Sin embargo, la tradición arminia se mantuvo en los Países Bajos a finales del siglo XX.

 

El teólogo británico John Wesley estudió y afirmó la obra de Arminio en su movimiento metodista durante el siglo XVIII en Inglaterra. Para el pueblo, el arminianismo se resume en la idea de que no existe la predestinación y que la gente es libre de seguir o rechazar el Evangelio.

 

Las diferencias han ido aumentando, y hoy inclusive es posible encontrar comunidades eclesiales protestantes que inclusive tienen una posición teológica en este punto similar a la Iglesia Católica, mientras otras se mantienen en los extremos más radicales del calvinismo.

 

Divisiones referentes al bautismo

 

El bautismo es otro punto donde las divisiones protestantes abundan.

 

La primera gran diferencia ocurrió entre luteranos, calvinistas versus anabaptistas. Mientras los primeros reconocían al bautismo como un sacramento, y la necesidad de bautizar infantes, los segundos se oponían.

 

“Enseñamos que el Bautismo es necesario para la salvación y que por el Bautismo se nos da la gracia divina. Enseñamos también que se deben Bautizar los niños y que por este Bautismo son ofrecidos a Dios y reciben la gracia de Dios. Es por esto que condenamos a los Anabaptistas que rechazan el Bautismo de los niños” Confesión de Augsburgo, Artículo 9 El Bautismo

 

La confesión de Westminster enseña::


“No sólo han de ser bautizados los que de hecho profesan fe en Cristo y obediencia a EL, sino también los niños hijos de uno o de ambos padres creyentes.” Confesión de Westminster, Capítulo 28.IV. El Bautismo.

 

“No es necesaria la inmersión de la persona en el agua; sin embargo se administra correctamente el bautismo por la aspersión o efusión del agua sobre la persona.” Confesión de Westminster, Capítulo 28.III. El Bautismo.

 

Muchas Iglesias evangélicas por el contrario predican que los niños no deben ser bautizados porque no pueden “creer” ni “arrepentirse”, otras afirman que el bautismo por inmersión es el único válido y acusan a la Iglesia Católica de apóstata por tales prácticas, inclusive hay quienes afirman que el bautismo con la fórmula Trinitaria es inválido y bautizan solo en nombre de “Solo Jesús” (entre las cuales están Iglesia pentecostal Unida y la secta Solo Jesús).

 

Divisiones referentes a la doctrina del pecado original

 

Así como los primeros (Luteranos y calvinistas) reconocen el pecado original, gran cantidad de denominaciones de tendencia anabaptista lo niegan.

 

La confesión de Augsburgo dice a este respecto:

 

“Enseñamos que a consecuencia de la caída de Adán, todos los hombres nacidos de manera natural son concebidos y nacidos en el pecado. Esto es, sin temor de Dios, sin confianza en Dios y con la concupiscencia. Este pecado hereditario y esta corrupción innata y contagiosa es un pecado real que lleva a la condenación y a la cólera eterna de Dios a todos los que no son regenerados por el Bautismo y por el Espíritu Santo. Por consiguiente rechazamos a los Pelagianos y otros que han menospreciado los méritos de la pasión de Cristo haciendo buena la naturaleza humana por su propias fuerzas naturales y que sostienen que el pecado original no es un pecado.” Confesión de Augsburgo, Artículo 2. El pecado Original

 

La confesión de Westminster dice otro tanto:

 

“Nuestros primeros padres, seducidos por la sutileza y tentación de Satanás, pecaron al comer del fruto prohibido…Por este pecado cayeron de su rectitud original y perdieron la comunión con Dios, y por tanto quedaron muertos en el pecado, y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo. Siendo ellos el tronco de la raza humana, la culpa de este pecado les fue imputada, y la misma muerte en el pecado y la naturaleza corrompida se transmitieron a la posteridad que desciende de ellos según la generación ordinaria. De esta corrupción original, por la cual estamos completamente impedidos, incapaces y opuestos a todo bien, y enteramente inclinados a todo mal, proceden todas nuestras transgresiones actuales. Esta corrupción de naturaleza permanece durante esta vida en aquellos que son regenerados; y, aun cuando sea perdonada y amortiguada por medio de la fe en Cristo, sin embargo, ella, y todos los efectos de ella, son verdadera y propiamente pecado.” Confesión de Westminster, Capítulo 6. La caída del hombre, el pecado y su castigo

 

Pero a diferencia de todas estas fuentes protestantes, sitios de tendencia anabaptista como porlaverdad.net en su artículo “La doctrina del pecado original” niegan todo esto:

 

“Uno se pregunta si la doctrina del bautismo de niños se inventó para apoyar la doctrina del pecado original o si la doctrina del pecado original se inventó para apoyar la práctica del bautismo de niños”

 

“Los grupos religiosos que no practican el bautismo de niños pero que creen en la doctrina del pecado original se ven obligados a enseñar otras doctrinas igualmente falsas”

 

“la doctrina del pecado original como ya vimos no es de la Biblia”

 

Y si se toma el tiempo de buscar notará como las diferencias no paran aquí, hay un verdadero caos donde cada quien decide lo que cree conforme a lo que él entiende de la Escritura, creyendo que el resto del mundo se ha desviado y que él es quien tiene la verdadera comprensión de las Escrituras.

 

Testimonios de quienes se han abierto paso a través de este caos

 

A pesar de todo esto, han habido miles de cristianos protestantes inspirados por el Espíritu Santo que se han atrevido a cuestionarse y a profundizar lo que estos primeros cristianos han creído, viendo como una gran contradicción que el protestantismo siendo que nació como un intento de volver a las doctrinas fundamentales de la fe cristiana, terminó profesando unas doctrinas radicalmente opuestas a la fe de la Iglesia primitiva. Muchos casos podrían ser nombrados, de momento les quiero recomendar el de Scoth Hahn y su esposa, quienes a pesar de nacer en una familia protestante, y de que Scoth fuera un ilustre ministro y pastor, hoy día son devotos católicos que luego de una dura travesía testifican con alegría que han llegado a casa.

 

Conclusión

 

Luego de haber visto todo esto, me despido dejando la pregunta en el aire para meditarla:

 

¿Para qué necesito los concilios y los padres de la iglesia?”

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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