DASM Escuela de Apologetica online

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En un tiempo como el que nos toca vivir, en el cual los vientos del ecumenismo parecen soplar de nuevo con fuerza, no es fácil plantarse firme e intentar decir cuatro o cinco verdades acerca de los "hermanos separados". Yo, que durante casi 9 años de mi vida fui cristiano evangélico, sé lo que es estar a los dos lados de la acera. Y se da un hecho innegable a la vez que peculiar. Mientras que en la acera protestante-evangélica podemos encontrarnos a una gran mayoría de "hermanos" que rechaza la posibilidad de que seamos cristianos los católicos verdaderos, que creemos por tanto en todos los dogmas de la Iglesia, en la acera católica no abundan aquellos que ponen en duda la naturaleza cristiana del protestantismo evangélico. Sin entrar a valorar, no merece la pena, la opinión anticatólica de esa mayoría de protestantes-evangélicos, creo necesario dar una serie de puntos claves por las que los católicos en general, y los que tienen un contacto más habitual con los protestantes en particular, deberían de ser menos optimistas en cuanto a la existencia de un elemento cristiano genuino en la eclesiología del protestantismo.

 

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Reflexiones sobre un sentir común, con poco sentido común.

"Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas". Nos suelta un amiguete. ¡Vale tío, vale! Uno es libre de creer o no creer, de ser católico o budista, agnóstico o creyente, capitalista o comunista... o del Madrid. Todos nos merecen respeto cuando actúan con honestidad. Pero, quien dice creer en Dios, y se llama cristiano, y además es persona de cierta cultura, no puede quedarse "más ancho que pancho" tras esa parida mental. Además, nos miró por encima del hombro y con un gesto de paternal benevolencia, sonriente, consideró con esa parrafada, justificada una faceta particular de su vida. ¿Qué quiso decir este amigo nuestro? ¿Sabía lo que decía? ¿Se trata de una de esas tonterías que todos decimos de vez en cuando? ¿Se imaginan a este caballero diciendo: Yo creo en el socialismo, pero no en los socialistas. Más que oponerse a la Iglesia, al P.P., al PSOE o a cualquier otro partido político se oponen a la idea que ellos tienen de estos organizaciones. La realidad tiene muy poco que ver con sus ideas, frutos de prejuicios que pululan en el ambiente y de una escasa formación. No han leído a los Evangelios, ni a Marx, ni a Hengel, ni se han preocupado de leer los escritos del Papa o los programas de los diferentes partidos. Se limitan a "hablar alto y fuerte" de todo lo que no entienden, lo que constituye un insulto mental a cualquier inteligencia.

 

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Carta del Sr. Jorge Núñez al Dr. Neufeld, 11/04/01

Estimado Dr. Neufeld:

Lo saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo.

En el programa Siglo a Siglo, en le cual tratamos el tema de la salvación, yo le mencioné sobre las más de 700 denominaciones protestantes que existen actualmente. Usted me dijo algo así como que en la Iglesia Católica también ocurría eso.

 

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En una reunión, en el momento de las preguntas, uno de los participantes se puso de pie y preguntó: "¿Cuál es el nombre de la Iglesia de Cristo, según el Nuevo Testamento?". La persona a la que iba dirigida la pregunta le cuestionó a la vez: "¿Qué quiere decir?", ya que pensaba que la pregunta iba orientada a demostrar que la Biblia no usa el nombre de "católica" para la Iglesia. "¿Diría usted -continuo el que preguntaba- que el nombre de la Iglesia es 'Iglesia de Cristo'? "Ciertamente -fue la respuesta-, podríamos llamar a la Iglesia 'Iglesia de Cristo', ya que de hecho es su Iglesia". "Pues bien -continuó el interrogante- yo soy un ex-católico. Ahora soy ministro de la Iglesia de Cristo [una denominación protestante] que se reúne en la otra cuadra. El mismo nombre le dice claramente que la nuestra es la Iglesia de Cristo, la Iglesia verdadera"

 

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Jesucristo, confirió a San Pedro y a los demás apóstoles el poder de la Iglesia: poder del magisterio, de gobierno y sacerdotal. Es decir, puso en las manos de Pedro el destino de la Iglesia. Pero para esta misión, sobre las fuerzas del hombre necesita el Papa una ayuda del todo sobrenatural y sobrehumana. Porque si el Papa no tuviera la asistencia del Espíritu Santo, si al indicar a la Iglesia de Cristo los caminos del dogma y de la moral pudiera errar, entonces sería imposible evitar del todo, que en el cuerpo de la Iglesia se abrieran llagas, que un día u otro le causarían la muerte.

 

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