DASM Escuela de Apologetica online

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(Tradujo Fernando Machado, Monasterio del Verbo Encarnado, San Rafael, Argentina)

Difícilmente haya un tema más confuso, cuando algunas iglesias evangélicas y católicos se sientan a hablar, que el de la salvación. Va más allá de la pregunta de base de los fundamentalistas: "¿Has sido salvado?" (que también significa, "¿No te gustaría sentirte ya salvado?"). Evangélicos y fundamentalistas nos aseguran tener tal absoluta seguridad. Abrigan la certeza absoluta de que irán al cielo inmediatamente después de la muerte. Concluyen de la Biblia que Cristo prometió que el cielo es de ellos a cambio de un acto muy simple. Todo lo que deben hacer es, "aceptar a Cristo como su salvador personal", y asunto acabado. Probablemente vivirán luego vidas ejemplares, pero el vivir bien no es crucial, al modo de ver de ellos: definitivamente no afecta a su salvación. No importa lo que suceda después, no interesa cuán pecaminosamente vivan el resto de sus días: su salvación está asegurada. Puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque esta no depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que se cometan.

 

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Mi madre me preguntó, "¿Quisieras cincuenta centavos?" a lo que respondí de inmediato, "Me encantaría." Qué pregunta más ingenua para un niño de ocho años. Claro que me gustaría obtener cincuenta centavos. Cincuenta centavos significaban mucho dinero cuando era pequeño. Mi madre continuó, "Aquí está un verso de la Biblia que quiero que memorices y cuando lo puedas recitar perfectamente, te daré el dinero." Y así fue como por primera vez me aprendí y memorice algunos de los pasajes más conocidos de la Biblia. Memorice todo el Salmo 23, "El Señor es mi pastor..." Me aprendí el Salmo 119:105, "Su palabra es una lámpara para mis pies, y una luz para mi camino," lo cual era un constante recordatorio del lugar de supremacía de la Biblia en mi vida, la única regla de fe y práctica.

 

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"Maestro, ¿qué he de hacer...?"

2052 'Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?' Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como 'el único Bueno', como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: 'Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos'. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: 'No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre'. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo' (Mt 19, 16-19).

 

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. Introducción

1. Existe una enseñanza común entre las distintas denominaciones protestantes: la de que el hombre se justifica ante Dios por la sola fe. Los protestantes pretenden que el hombre debe simplemente creer que Cristo ha hecho todo lo que se requiere para la justificación. Y, una vez que el hombre cree en Cristo, está salvado para siempre. Consecuentemente, los protestantes entienden que las buenas obras son meramente el fruto del estado justificado, pero no que sean meritorias para la justificación. Del mismo modo, las malas obras no amenazan el estado justificado. Han sido ya perdonadas.

 

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¿Es Jehová el nombre de Dios? Origen del nombre.

"Jehová", en realidad, no aparece nunca en los textos bíblicos originales... Si, no es una exageración. Se trata del nombre del Dios de los hebreos trascrito erróneamente del texto hebreo masorético. La palabra original consta de las consonantes JHVH o JHWH (también conocidas como tetragrámaton) intercaladas con las vocales de una palabra separada, Adonai (Señor). Debido a que el hebreo antiguo no disponía, a diferencia del actual, de un sistema de representación de sus sonidos vocálicos, sus vocales originales son cuestión de especulación.

 

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