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(Celebración Eucarística - Primer Domingo de Cuaresma - «Jornada del Perdón» - Basílica Vaticana, 12 de marzo de 2000).

La solemne petición de perdón por los pecados pasados y presentes de los hijos de la Iglesia ha sido, sin duda, uno de los momentos más característicos de este Jubileo. Un acto único que tuvo su expresión culminante en la Oración Universal que presidió el Juan Pablo II esta mañana en la Basílica del Vaticano y en la que le acompañaron siete cardenales de la Curia romana. Zenit ofrece el texto íntegro en castellano de la plegaria tal y como aparecía en el opúsculo que fue entregado a los peregrinos que participaron en la celebración.

Monición de entrada

El Santo Padre: Hermanos y hermanas, supliquemos con confianza a Dios nuestro Padre, misericordioso y compasivo, lento a la ira y grande en el amor y la fidelidad, que acepte el arrepentimiento de su pueblo,que confiesa humildemente sus propias culpas, y le conceda su misericordia.

Todos rezan unos momentos en silencio.

 

I. CONFESIÓN DE LOS PECADOS EN GENERAL

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que nuestra confesión y nuestro arrepentimiento estén inspirados por el Espíritu Santo, nuestro dolor sea consciente y profundo, y, considerando con humildad las culpas del pasado en una auténtica «purificación de la memoria», nos comprometamos en un camino de verdadera conversión.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor Dios, tu Iglesia peregrina, santificada siempre por ti con la sangre de tu Hijo, acoge en su seno en cada época a nuevos miembros que brillan por su santidad y a otros que, con su desobediencia a ti,

contradicen la fe profesada en el santo Evangelio. Tú, que permaneces fiel aún cuando nosotros te somos infieles, perdona nuestras culpas y concédenos ser entre los hombres auténticos testigos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amen.

El Cantor: Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. La asamblea repite: Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

II. CONFESIÓN DE LAS CULPAS EN EL SERVICIO DE LA VERDAD

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que cada uno de nosotros, reconociendo que también los hombres de Iglesia, en nombre de la fe y de la moral, han recurrido a veces a métodos no evangélicos en su justo deber de defender la verdad, imite al Señor Jesús, manso y humilde de corazón.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la historialos cristianos a veces han transigido con métodos de intolerancia y no han seguido el gran mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

 

III. CONFESIÓN DE LOS PECADOS QUE HAN COMPROMETIDO LA UNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que el reconocimiento de los pecados que han lastimado la unidad del Cuerpo de Cristo y herido la caridad fraterna, allane el camino hacia la reconciliación y la comunión de todos los cristianos.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Padre misericordioso, la víspera de su pasión tu Hijo oró por la unidad de los que creen en él: ellos, sin embargo, en contra de su voluntad, se han enfrentado y dividido, se han condenado y combatido recíprocamente. Imploramos ardientemente tu perdón y te pedimos el don de un corazón penitente, para que todos los cristianos, reconciliados contigo y entre sí en un solo cuerpo y un solo espíritu, puedan revivir la experiencia gozosa de la plena comunión. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

IV. CONFESIÓN DE LAS CULPAS EN RELACIÓN CON ISRAEL

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que, recordando los padecimientos sufridos por el pueblo de Israel en la historia, los cristianos sepan reconocer los pecados cometidos por muchos de ellos contra el pueblo de la alianza y de las bendiciones, y purificar así su corazón.

 

Oración en silencio.

El Santo Padre: Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

V. CONFESIÓN DE LAS CULPAS COMETIDAS CON COMPORTAMIENTOS CONTRA EL AMOR, LA PAZ, LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS, EL RESPETO DE LAS CULTURAS Y DE LAS RELIGIONES

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que, contemplando a Jesús, nuestro Señor y nuestra Paz, los cristianos se arrepientan de las palabras y conductas a veces suscitadas por el orgullo, el odio, la voluntad de dominio sobre los demás, la hostilidad hacia los miembros de otras religiones y hacia los grupos sociales más débiles, como son los emigrantes y los gitanos.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a losenemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos, despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amen.

R.. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

VI. CONFESIÓN DE LOS PECADOS QUE HAN HERIDO LA DIGNIDAD DE LA MUJER Y LA UNIDAD DEL GÉNERO HUMANO

 

Un Representante de la Curia Romana: Oremos por todos aquellos a quienes se ha ofendido en su dignidad humana y cuyos derechos han sido vulnerados: oremos por las mujeres, tantas veces humilladas y marginadas,y reconozcamos la formas de connivencia de las que también se han hecho culpables muchos cristianos.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor Dios, Padre nuestro, tú has creado al ser humano, hombre y mujer, a tu imagen y semejanzay has querido la diversidad de los pueblos en la unidad de la familia humana; sin embargo, a veces, la igualdad de tus hijos no ha sido reconocida, y los cristianos se han hecho culpables de actitudes de marginación y exclusión, permitiendo las discriminaciones a causa de la diversidad de raza o de etnia. Perdónanos y concédenos la gracia de poder curar las heridas todavía presentes en tu comunidad a causa del pecado, de modo que todos podamos sentirnos hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

VII. CONFESIÓN DE LOS PECADOS EN EL CAMPO DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA

Un Representante de la Curia Romana: Oremos por todos los seres humanos del mundo,especialmente por los menores víctimas de abusos, por los pobres, los marginados, los últimos; oremos por los más indefensos, los no nacidos destruidos en el seno materno o incluso utilizados para la experimentación por cuantos han abusado de las posibilidades que ofrece la biotecnología, falseando las finalidades de la ciencia.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Dios, Padre nuestro, que siempre escuchas el grito de los pobres, cuántas veces tampoco los cristianos te han reconocido en quien tiene hambre, en quien tiene sed, en quien está desnudo, en quien es perseguido, en quien está encarcelado, en quien no tiene posibilidad alguna de defenderse, especialmente en las primeras etapas de su existencia. Por todos los que han cometido injusticias, confiando en la riqueza y en el poder y despreciando a los «pequeños», tus preferidos, te pedimos perdón: ten piedad de nosotros y acepta nuestro arrepentimiento. Por Cristo nuestro Señor.

 

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

ORACION FINAL

El Santo Padre: Oh Padre misericordioso, tu Hijo Jesucristo, juez de vivos y muertos, en la humildad de su primera venida ha rescatado a la humanidad del pecado y, en su retorno glorioso, pedirá cuentas de todas las culpas: concede tu misericordia y el perdón de los pecados a nuestros padres, a nuestros hermanos y a nosotros tus siervos, que impulsados por el Espíritu Santo volvemos a ti arrepentidos de todo corazón, Por Cristo nuestro Señor.

R. Amen.

El Santo Padre, como expresión de penitencia y de veneración, abraza y besa el Crucifijo.

 

* * *

Las siguientes son las palabras con las que Juan Pablo II aclaró este mediodía, al encontrarse con los peregrinos con motivo del rezo de la oración mariana del «Angelus», los motivos que le han llevado a pronunciar esta inédita confesión de perdón.

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. En el marco de fe del Gran Jubileo, hoy hemos celebrado la Jornada del Perdón. En la Basílica de San Pedro he presidido esta mañana un sugerente y solemne acto penitencial. En este primer domingo de Cuaresma, obispos y comunidades eclesiales en las diferentes partes del mundo, en nombre de todo el pueblo cristiano, se han arrodillado ante Dios para implorar el perdón.

El año santo es tiempo de purificación: La Iglesia es santa porque Cristo es su Cabeza y Esposo, el Espíritu su alma vivificante y la Virgen y lossantos su manifestación más auténtica. Sin embargo, los hijos de la Iglesia conocen la experiencia del pecado, cuyas sombras se reflejan en ella obscureciendo su belleza. Por este motivo, la Iglesia no deja de implorar el perdón de Dios por los pecados de sus miembros.

2. No se trata de un juicio sobre la responsabilidad subjetiva de los hermanos que nos han precedido: esto es algo que sólo le corresponde a Dios, quien --a diferencia de nosotros, seres humanos-- es capaz de «escrutar el corazón y la mente». El acto de hoy es un reconocimiento sincero de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia en el pasado remoto y en el reciente, y una súplica humilde del perdón de Dios. Esto no dejará de despertar las conciencias, permitiendo que los cristianos entren en el tercer milenio más abiertos a Dios y a su designio de amor.

 

Mientras pedimos perdón, perdonamos. Es lo que decimos todos los días a rezar la oración que Cristo nos enseñó: «Padre nuestro... perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». ¡Que esta Jornada jubilar traiga a todos los creyentes el fruto del perdón recíprocamente concedido y acogido!

Del perdón florece la reconciliación. Esto es lo que deseamos para toda comunidad eclesial para el conjunto de todos los creyentes en Cristo y para el mundo entero.

3. Perdonados y dispuestos a perdonar, los cristianos entran en el tercer milenio como testigos más creíbles de la esperanza. Tras siglos caracterizados por violencias y destrucciones, y tras este último, particularmente dramático, la Iglesia presenta a la humanidad que cruza el umbral del tercer milenio el Evangelio del perdón y de la reconciliación, como presupuesto para construir la auténtica paz.

¡Ser testigos de esperanza! Este es también el lema de los Ejercicios Espirituales que esta tarde comenzaré con mis colaboradores de la Curia romana. Desde ahora doy las gracias a quienes me acompañarán en estos días con la oración e invoco a la Virgen, Madre de la divina Misericordia, para que nos ayude a todos a vivir con fruto el tiempo de Cuaresma (Celebración Eucarística - Primer Domingo de Cuaresma - «Jornada del Perdón» - Basílica Vaticana, 12 de marzo de 2000).

La solemne petición de perdón por los pecados pasados y presentes de los hijos de la Iglesia ha sido, sin duda, uno de los momentos más característicos de este Jubileo. Un acto único que tuvo su expresión culminante en la Oración Universal que presidió el Juan Pablo II esta mañana en la Basílica del Vaticano y en la que le acompañaron siete cardenales de la Curia romana. Zenit ofrece el texto íntegro en castellano de la plegaria tal y como aparecía en el opúsculo que fue entregado a los peregrinos que participaron en la celebración.

 

Monición de entrada

El Santo Padre: Hermanos y hermanas, supliquemos con confianza a Dios nuestro Padre, misericordioso y compasivo, lento a la ira y grande en el amor y la fidelidad, que acepte el arrepentimiento de su pueblo,que confiesa humildemente sus propias culpas, y le conceda su misericordia.

Todos rezan unos momentos en silencio.

I. CONFESIÓN DE LOS PECADOS EN GENERAL

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que nuestra confesión y nuestro arrepentimiento estén inspirados por el Espíritu Santo, nuestro dolor sea consciente y profundo, y, considerando con humildad las culpas del pasado en una auténtica «purificación de la memoria», nos comprometamos en un camino de verdadera conversión.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor Dios, tu Iglesia peregrina, santificada siempre por ti con la sangre de tu Hijo, acoge en su seno en cada época a nuevos miembros que brillan por su santidad y a otros que, con su desobediencia a ti,

contradicen la fe profesada en el santo Evangelio. Tú, que permaneces fiel aún cuando nosotros te somos infieles, perdona nuestras culpas y concédenos ser entre los hombres auténticos testigos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.

 

R. Amen.

El Cantor: Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. La asamblea repite: Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

II. CONFESIÓN DE LAS CULPAS EN EL SERVICIO DE LA VERDAD

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que cada uno de nosotros, reconociendo que también los hombres de Iglesia, en nombre de la fe y de la moral, han recurrido a veces a métodos no evangélicos en su justo deber de defender la verdad, imite al Señor Jesús, manso y humilde de corazón.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la historialos cristianos a veces han transigido con métodos de intolerancia y no han seguido el gran mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. Por Cristo nuestro Señor.

 

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

III. CONFESIÓN DE LOS PECADOS QUE HAN COMPROMETIDO LA UNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que el reconocimiento de los pecados que han lastimado la unidad del Cuerpo de Cristo y herido la caridad fraterna, allane el camino hacia la reconciliación y la comunión de todos los cristianos.

 

Oración en silencio.

El Santo Padre: Padre misericordioso, la víspera de su pasión tu Hijo oró por la unidad de los que creen en él: ellos, sin embargo, en contra de su voluntad, se han enfrentado y dividido, se han condenado y combatido recíprocamente. Imploramos ardientemente tu perdón y te pedimos el don de un corazón penitente, para que todos los cristianos, reconciliados contigo y entre sí en un solo cuerpo y un solo espíritu, puedan revivir la experiencia gozosa de la plena comunión. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

IV. CONFESIÓN DE LAS CULPAS EN RELACIÓN CON ISRAEL

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que, recordando los padecimientos sufridos por el pueblo de Israel en la historia, los cristianos sepan reconocer los pecados cometidos por muchos de ellos contra el pueblo de la alianza y de las bendiciones, y purificar así su corazón.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza. Por Cristo nuestro Señor.

 

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

V. CONFESIÓN DE LAS CULPAS COMETIDAS CON COMPORTAMIENTOS CONTRA EL AMOR, LA PAZ, LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS, EL RESPETO DE LAS CULTURAS Y DE LAS RELIGIONES

Un Representante de la Curia Romana: Oremos para que, contemplando a Jesús, nuestro Señor y nuestra Paz, los cristianos se arrepientan de las palabras y conductas a veces suscitadas por el orgullo, el odio, la voluntad de dominio sobre los demás, la hostilidad hacia los miembros de otras religiones y hacia los grupos sociales más débiles, como son los emigrantes y los gitanos.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a losenemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos, despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor.

 

R. Amen.

R.. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

VI. CONFESIÓN DE LOS PECADOS QUE HAN HERIDO LA DIGNIDAD DE LA MUJER Y LA UNIDAD DEL GÉNERO HUMANO

Un Representante de la Curia Romana: Oremos por todos aquellos a quienes se ha ofendido en su dignidad humana y cuyos derechos han sido vulnerados: oremos por las mujeres, tantas veces humilladas y marginadas,y reconozcamos la formas de connivencia de las que también se han hecho culpables muchos cristianos.

Oración en silencio.

El Santo Padre: Señor Dios, Padre nuestro, tú has creado al ser humano, hombre y mujer, a tu imagen y semejanzay has querido la diversidad de los pueblos en la unidad de la familia humana; sin embargo, a veces, la igualdad de tus hijos no ha sido reconocida, y los cristianos se han hecho culpables de actitudes de marginación y exclusión, permitiendo las discriminaciones a causa de la diversidad de raza o de etnia. Perdónanos y concédenos la gracia de poder curar las heridas todavía presentes en tu comunidad a causa del pecado, de modo que todos podamos sentirnos hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

VII. CONFESIÓN DE LOS PECADOS EN EL CAMPO DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA

Un Representante de la Curia Romana: Oremos por todos los seres humanos del mundo,especialmente por los menores víctimas de abusos, por los pobres, los marginados, los últimos; oremos por los más indefensos, los no nacidos destruidos en el seno materno o incluso utilizados para la experimentación por cuantos han abusado de las posibilidades que ofrece la biotecnología, falseando las finalidades de la ciencia.

 

Oración en silencio.

El Santo Padre: Dios, Padre nuestro, que siempre escuchas el grito de los pobres, cuántas veces tampoco los cristianos te han reconocido en quien tiene hambre, en quien tiene sed, en quien está desnudo, en quien es perseguido, en quien está encarcelado, en quien no tiene posibilidad alguna de defenderse, especialmente en las primeras etapas de su existencia. Por todos los que han cometido injusticias, confiando en la riqueza y en el poder y despreciando a los «pequeños», tus preferidos, te pedimos perdón: ten piedad de nosotros y acepta nuestro arrepentimiento. Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. Se enciende una lámpara ante el Crucifijo.

ORACION FINAL

El Santo Padre: Oh Padre misericordioso, tu Hijo Jesucristo, juez de vivos y muertos, en la humildad de su primera venida ha rescatado a la humanidad del pecado y, en su retorno glorioso, pedirá cuentas de todas las culpas: concede tu misericordia y el perdón de los pecados a nuestros padres, a nuestros hermanos y a nosotros tus siervos, que impulsados por el Espíritu Santo volvemos a ti arrepentidos de todo corazón, Por Cristo nuestro Señor.

R. Amen.

El Santo Padre, como expresión de penitencia y de veneración, abraza y besa el Crucifijo.

* * *

Las siguientes son las palabras con las que Juan Pablo II aclaró este mediodía, al encontrarse con los peregrinos con motivo del rezo de la oración mariana del «Angelus», los motivos que le han llevado a pronunciar esta inédita confesión de perdón.

 

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. En el marco de fe del Gran Jubileo, hoy hemos celebrado la Jornada del Perdón. En la Basílica de San Pedro he presidido esta mañana un sugerente y solemne acto penitencial. En este primer domingo de Cuaresma, obispos y comunidades eclesiales en las diferentes partes del mundo, en nombre de todo el pueblo cristiano, se han arrodillado ante Dios para implorar el perdón.

El año santo es tiempo de purificación: La Iglesia es santa porque Cristo es su Cabeza y Esposo, el Espíritu su alma vivificante y la Virgen y lossantos su manifestación más auténtica. Sin embargo, los hijos de la Iglesia conocen la experiencia del pecado, cuyas sombras se reflejan en ella obscureciendo su belleza. Por este motivo, la Iglesia no deja de implorar el perdón de Dios por los pecados de sus miembros.

2. No se trata de un juicio sobre la responsabilidad subjetiva de los hermanos que nos han precedido: esto es algo que sólo le corresponde a Dios, quien --a diferencia de nosotros, seres humanos-- es capaz de «escrutar el corazón y la mente». El acto de hoy es un reconocimiento sincero de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia en el pasado remoto y en el reciente, y una súplica humilde del perdón de Dios. Esto no dejará de despertar las conciencias, permitiendo que los cristianos entren en el tercer milenio más abiertos a Dios y a su designio de amor.

Mientras pedimos perdón, perdonamos. Es lo que decimos todos los días a rezar la oración que Cristo nos enseñó: «Padre nuestro... perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». ¡Que esta Jornada jubilar traiga a todos los creyentes el fruto del perdón recíprocamente concedido y acogido!

 

Del perdón florece la reconciliación. Esto es lo que deseamos para toda comunidad eclesial para el conjunto de todos los creyentes en Cristo y para el mundo entero.

3. Perdonados y dispuestos a perdonar, los cristianos entran en el tercer milenio como testigos más creíbles de la esperanza. Tras siglos caracterizados por violencias y destrucciones, y tras este último, particularmente dramático, la Iglesia presenta a la humanidad que cruza el umbral del tercer milenio el Evangelio del perdón y de la reconciliación, como presupuesto para construir la auténtica paz.

¡Ser testigos de esperanza! Este es también el lema de los Ejercicios Espirituales que esta tarde comenzaré con mis colaboradores de la Curia romana. Desde ahora doy las gracias a quienes me acompañarán en estos días con la oración e invoco a la Virgen, Madre de la divina Misericordia, para que nos ayude a todos a vivir con fruto el tiempo de Cuaresma

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