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Por: Jesús Miguel Álvarez Torres

 

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Hace unos pocos días comenzó a circular una serie de publicaciones por parte de un teólogo (desconozco si en realidad es un teólogo) católico —del cual no diré nombre— algo controvertidas. En ellas se afirmaba que la roca mencionada por Jesús en Mateo 16:18 era en realidad el mismo Cristo, y no Pedro o la confesión de fe de Pedro, como ha creído la inmensa tradición cristiana católica hasta la fecha.

 

Desde luego estas afirmaciones son desconcertantes viniendo de un católico; pero, en general, me parece desconcertante que a estas alturas alguien siga creyendo que la roca (Gr. petra) en Mateo 16:18 se refiere a Jesús, y no a Pedro o su confesión de fe, o a Pedro en virtud de su confesión de fe. Creo que, además del consensum patrum, tenemos un consenso académico teológico que prefiere una exégesis en dirección personal a Pedro o a su confesión, mientras que figurar a Cristo en este versículo, simbolizado como una roca, tiene cada vez menos presencia entre los teólogos.

 

Algo que me sorprendió de este teólogo católico, es que en una de sus publicaciones dice que si alguien le pone a elegir entre Pedro o Jesús como la roca mencionada en Mateo 16:18, él preferiría mantener que se refiere al Maestro y no al discípulo. Desde luego, esta es una forma ridícula de interpretar un pasaje de las Escrituras. Nos damos cuenta que en lugar de apelar principalmente a las herramientas exegéticas, se opta por la subjetividad. Eso implica no dejar que las Escrituras hablen a nosotros, sino que nosotros hacemos que las Escrituras hablen lo que nuestras emociones necesitan escuchar; eso es: «pensar más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6).

 

En este artículo no pretendo hacer ver mal a este teólogo católico (ni siquiera he mencionado su nombre); ni poner en duda su catolicidad o su fidelidad a la Iglesia católica. Creo y confieso que es un hermano en la fe, y que su interpretación sobre Mateo 16:18 simplemente está equivocada. Como él mismo lo ha dicho, no creo que ver a Cristo aquí como «la roca» implique negar el primado de Pedro, pero sí se pone mucho en juego.

 

Lo que verá a continuación no es una refutación a sus argumentos, pues ni siquiera he visto que publique algún estudio exegético al respecto. Lo que haré será dar una exposición de Mateo 16:18 y poner la cancha para el debate; analizando las posibles interpretaciones de este pasaje.

 

El nuevo nombre de Simón

 

Para entender mejor este texto, debemos retroceder un poco en el ministerio de Jesús. En Juan 1:42, cuando Andrés lleva a Pedro a presencia de Cristo, el Señor dice que Pedro tendrá un nuevo nombre: Cefas, que quiere decir «piedra». Cefas es una traducción de la palabra aramea kephas que al griego fue traducida como petros. La importancia del nuevo nombre en la historia de Dios e Israel tiene un significado detrás y no es sólo por cuestiones de afecto. El profesor del Nuevo Testamento, Craig S. Keener, escribe lo siguiente sobre esta antigua tradición:

 

«Los apodos eran comunes; los rabinos a veces ponían apodos característicos a sus discípulos. En el Antiguo Testamento Dios a menudo cambiaba el nombre de una persona para describir alguna nueva característica de ella.[1]»

 

Como menciona Keener, esta tradición se ve atestiguada desde el tiempo de los profetas. Por ejemplo, Abraham en un principio era llamado Abram, pero debido a una nueva comisión su nombre fue cambiado a Abraham «pues padre de muchedumbre de pueblos [fue] constituido» (Génesis 17:5). De la misma manera, el hecho de que el nombre de Pedro fuera cambiado no tendría algún sentido si no adquiriera un significado: ya sea que destaque alguna característica propia de Pedro o una comisión que ejercería más tarde. Creo que no tenemos buenos elementos para pensar que Pedro fue llamado de tal manera porque simbolizaba alguna característica personal, más bien, parece que el significado de petros cobra sentido cuando nos dirigimos a Mateo 16:18 y vemos lo que, en palabras de Oscar Culllman, parece un juego de palabras obvio[2], que al final destacaría una comisión única en San Pedro.

 

Además, en Juan 1:42 se usa la palabra griega emblépo (Gr. ἐμβλέψας) que se usa para denotar enfáticamente la observación de alguien. Esto sugiere que Jesús tenía algo especial reservado para Simón, y que sus intenciones eran poderosas y estaban vinculadas al nuevo nombre que se le otorgó a éste. El erudito en griego, Samuel Millos, dice que «Jesús, con esa mirada reconocía a Simón, tanto en cuanto a quién era cómo a lo que iba a ser, es decir, conocía a él y su destino.[3]» En Juan 1:42 Jesús habla en tiempo futuro («tú te llamarás Cefas»), porque Pedro no sería la kepha hasta que hiciera aquella noble confesión en Mateo 16:18.

 

Tú eres Petros y sobre esta Petra edificaré mi Iglesia

 

Cuando Jesús y sus discípulos iban por Cesarea de Filipo, Jesús les preguntó:

 

«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (v. 13). Las personas fuera de los discípulos tenían opiniones distintas de Jesús, y la popularidad dependía de a quiénes se les preguntara: «unos, [decían] que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías» (v. 14). Después Jesús pregunta directamente a los discípulos: «y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (v. 15). Posteriormente, Pedro responde en lugar de los discípulos diciendo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16). Esta es conocida como la confesión de la mesianidad de Jesús (Marcos 8:29; Lucas 9:20). Una vez que Pedro confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Jesús le hace ver a Pedro que dicha revelación no fue dada por ningún hombre, sino por su propio Padre (v. 17). Es importante poner atención a este versículo porque es lo que le da sentido al siguiente. En el verso 18, el Señor dice:

 

«Y yo a mi vez te digo...», el uso de estas palabras es una respuesta a la acción reveladora de Pedro; es decir, «de la misma manera que tú dijiste de mí algo tan importante como la confesión de quién soy, así también yo digo acerca de ti.[4]»

 

Después, Jesús hace dicha confesión sobre Pedro: «… tú eres Pedro (Gr. petros) y sobre esta piedra (Gr. petra) edificaré mi Iglesia» (v. 18). Entonces,

¿quién es la petra sobre la que Cristo edificaría su Iglesia? ¿Cristo, Pedro o la confesión de fe de Pedro?

 

Primero analicemos la posibilidad de que se refiera a Cristo.

 

Los que optan por esta interpretación a menudo se basan en que San Pablo dice en 1 Corintios 3:11 que Cristo es el fundamento de la Iglesia y que él es la Roca (1 Corintios 10:4). También se dice que el hecho de que en el contexto se hable haga énfasis en la revelación a Pedro, indica que el versículo 18 gira en torno a esa misma revelación. James McCarthy escribe:

 

«El contexto favorece la interpretación de “esta roca” como algo que se refiere a la revelación y su contenido. En otras palabras, el Señor Jesús sería la roca sólida sobre la cual descansa la fe cristiana.[5]»

 

Primeramente, el apóstol Pablo hace uso de dos metáforas o símbolos. En 1 Corintios 10:4 San Pablo no quiere decir que cualquier roca mencionada se refiere a Jesucristo. Lo que dice es que la roca, en específico, que golpeó Moisés y que acompañó a Israel por el desierto: era Cristo. Asimismo, en 1 Corintios 3:11 Cristo puede ser llamado fundamento en una manera particular, sin que eso anule que otros personajes puedan ser llamados «fundamentos» en otro sentido. Por ejemplo, en Efesios 2:20 el mismo apóstol Pablo dice que los apóstoles son el fundamento de la Iglesia. Entonces, o se contradijo Pablo o un símbolo puede tener distintas acepciones.

 

Después, ¿qué sucede con la objeción de McCarthy de que el mismo contexto de Mateo 16 sugiere que la roca es Cristo? McCarthy pone un enfoque especial en el contexto cultural del pasaje, diciendo que San Mateo escribió a una congregación judía y que el uso de «esta roca» pretendía que los judíos familiarizados con el Antiguo Testamento entendieran que el fundamento de la Iglesia sería Dios, pues, según McCarthy, en todo el AT el símbolo de la roca se usa únicamente para referirse a Dios y no a los hombres (1 Samuel 2:2; Salmo 18:31; Isaías 44:8; etc.). Pero esta presunción es falsa y refutada por la misma boca de Dios. En Isaías 51:1-2 Yavhé dice: «miren la roca de la que fueron tallados, la cantera de la que fueron extraídos», y en el verso siguiente asocia esta mirada a Abraham «miren a Abraham, su padre, y a Sara, que los dio a luz» (NVI).

 

Otra forma de evitar la conclusión de que Pedro es la roca, es hacer una distinción entre las palabras griegas petros y petra en Mateo 16:18. Como hemos mencionado, siguiendo las palabras de Oscar Cullman, aquí parece haber un juego de palabras obvio. Petros (Pedro) y petra (piedra, roca) significan esencialmente lo mismo, pero no exactamente lo mismo. Sin embargo, ¿qué tan importantes son los significados de las palabras griegas aquí? D. A. Carson escribe que «Jesús simplemente hizo un juego de palabras con el nombre [de Pedro][6]». El significado de las palabras griegas petros y petra no es importante para la interpretación del pasaje, dado que las palabras de Cristo fueron originalmente dichas en arameo, no en griego, por lo que petros y petras son traducciones cercanas al original arameo. D. A. Carson dice contra los partidarios de la distinción de significados en este texto:

 

«El argumento [...] de que tanto kepha como petros se referían originalmente a una pequeña "piedra", pero no a una "roca" (sobre la que se podía construir algo), hasta que los cristianos extendieron el término para explicar el enigma del nombre de Simón carece de fundamento. Es cierto que el griego petros significa comúnmente "piedra" en la literatura precristiana; pero el arameo kepha, que subyace al griego, significa "roca (masiva)"»[7]

 

Hay otras razones por las que esta distinción es insostenible. Primero, porque la distinción de significados, en este caso, es propia de un lenguaje poético y no de una prosa. Si dicha distinción quisiese hacerse, se utilizaría el griego lithos, en lugar de petros, para referirse a una piedra pequeña; sin embargo, no sucede. En segundo lugar, el arameo subyacente en el pasaje es incuestionable, ya que el arameo kephi se utilizaba tanto para el nombre propio como para una roca masiva. De hecho, la traducción siríaca (idioma afín al arameo) de la peshitta no hace distinción entre petros y petra, sino que utiliza la misma palabra kephi.

 

Hasta aquí hemos dicho por qué los argumentos a favor de que Cristo sea la roca de Mateo 16:18 fracasan; pero eso sólo resta plausibilidad a esta interpretación. Al final, ¿qué es lo que nos hace negar que Cristo sea la roca referida en este pasaje, además del fracaso de los argumentos a favor? Creo que una de las razones es que Cristo, en este texto, se presenta no como el cimiento sino como el arquitecto. El teólogo presbiteriano Marvin Vincent escribe:

 

«La referencia de [petra] a Cristo es forzada y antinatural. La referencia obvia de la palabra es a Pedro. El enfático esta se refiere naturalmente al antecedente más cercano; y además, el cimiento se debilita así, ya que Cristo aparece aquí, no como cimiento, sino como arquitecto: “sobre esta roca edificaré”.»[8] [énfasis añadido]

 

El antecedente más cercano a la cláusula de Mateo 16:18 citada por Vincent, no es Cristo, es Pedro: «… tú eres Pedro… », por lo que una interpretación que deje fluir naturalmente el pasaje no llegará a la conclusión de que la petra del texto es Cristo. McCarthy hace bien en primeramente buscar el significado del símbolo de la roca en su contexto inmediato; lamentablemente, su investigación fracasa.

 

¿Qué pasa con la interpretación de que la roca es Pedro o su confesión de fe?

 

En primer lugar creo que aquí hay una falsa dicotomía. No creo que sea práctico hablar en términos disyuntivos (esto o aquello), pues estamos hablando del significado de un símbolo (la roca). En las Escrituras los símbolos pueden ser polisémicos, es decir, pueden tener distintos significados (cfr. Apocalipsis 17:9-10); esta es la razón por la cual el Catecismo Católico Romano dice que tanto Pedro como su confesión de fe son la roca sobre la que Cristo edificó su Iglesia (CIC 424; 552; 881). El Dr. Gregg R. Allison tiene una visión, creo, acertada y acoplada a la visión católica de Mateo 16:18:

 

«Mientras que algunos teólogos evangélicos interpretan "esta roca" como una referencia a Pedro, y otros como una referencia a su confesión, un entendimiento más plausible es que la roca es Pedro en virtud de su confesión.»[9]

 

En efecto, el apóstol Pedro no podría haber tenido un efecto existencial en su vida, por parte de Cristo, si no hubiera sido en virtud de dicha confesión. La confesión de Pedro es lo que ocasiona que el Señor lo declare como el cimiento de la Iglesia que pretende edificar. A pesar de esto, todavía hay teólogos que creen que para interpretar correctamente el texto bíblico debe hacerse en términos disyuntivos. El apologista protestante James R. White, dice que el tema central de Mateo 16:13-20 es la condición mesiánica de Cristo, y que cualquier interpretación que desvíe el foco de atención de la identidad de Cristo no tiene sentido[10]. Pero desde luego este es un estándar arbitrario de White, y además constituye una petición de principio. White primero debe demostrar que la cláusula «y sobre esta roca» no tiene la intención de referirse a Pedro. Y aun concediendo que no se refiere a Pedro, las otras frases «… tú eres Pedro…», «… a ti te daré las llaves del reino de los cielos...» y «… todo lo que ates en la tierra...», son claramente declaraciones que conciernen a la persona de Pedro y no de Cristo, por lo que Mateo 16:13-20 no pretende únicamente revelar la identidad de Cristo, sino también decir algo respecto de Pedro. El teólogo católico Joe Heschemeyer detecta al menos diez ocasiones en las que el Señor se dirige a Pedro de forma individual, usando la segunda persona del singular, ¡en apenas tres versículos! (Mateo 16:17-19)[11] Si para el sr. White Pedro no tiene importancia en el discurso de Cristo, para el Señor mismo sí la tenía.

 

Posteriormente White dice que la roca mencionada por Cristo no puede ser más que la confesión de fe de Pedro porque «… mientras el Señor se dirige directamente a Pedro, cambia de dirección directa a la tercera persona, «esta roca», cuando habla de la confesión de Pedro. No dice: «Sobre ti, Pedro, edificaré mi iglesia». En su lugar, tiene una clara distinción entre Pedro, el Πέτρος (Petros), y el pronombre demostrativo que precede a πέτρᾳ (petra), la confesión de fe, sobre la que se construye la Iglesia.»[12]

 

Pero aunque esto tiene cierto grado de plausibilidad, el cambio al pronombre demostrativo no excluye en definitiva que se siga refiriendo al mismo sujeto. Como dice el apologista y teólogo católico, Trent Horn:

 

«Es perfectamente posible que una persona se refiera a alguien usando un pronombre personal como “tú” y luego se refiera a la misma persona usando un adjetivo demostrativo como “esta”.»[13]

 

Horn pone un ejemplo bastante análogo a lo que dice Jesús en Mateo 16:18:

 

«Tú eres la luz de mi vida, y esta luz brilla más que el sol». Igualmente aquí se utiliza un símbolo para representar a una persona en particular, así como el pronombre personal «tú» y el pronombre demostrativo «esta». La analogía cobra aún más sentido si recordamos que en arameo no hay distinción entre el nombre de Pedro y la roca mencionada por Jesús, así como aquí no hay distinción entre luz 1 y luz 2.

 

Por tanto, no creo encontrar elementos para afirmar que la roca mencionada por Cristo es única y exclusivamente la confesión de fe de Pedro, puesto que eso no resuelve el cambio de nombre de Simón en Juan 1:42, ¿por qué Jesús cambiaría el nombre de Simón?, ¿sólo para posteriormente hacer un juego de palabras? Eso no parece ser lo que los rabinos tenían en mente al dar un nuevo nombre a sus discípulos.

 

Conclusión

 

Creo que ofrecí buenas razones para pensar que Pedro es, de hecho, la roca mencionada por Jesús. Primero, vimos que a Simón le fue cambiado el nombre, y que este cambio de nombre, en el contexto cultural de Israel, representaba alguna característica o una función futura. En segundo lugar, que la interpretación de que Cristo es la roca fracasó por varias razones; en tercer lugar, vimos que en el arameo no hay una distinción como en el griego entre el nombre de Pedro y la roca mencionada por Jesús, lo que nos permite brincarnos el obstáculo de los significados de petros y petra en el griego koiné. También observamos que el significado de «esta roca», según Vincent, debe ser el antecedente más cercano, el cual era Pedro («tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia»)[14]. Otra cosa que también observamos, es que no debe haber necesariamente una disyunción (esto o aquello) sino que bien puede haber una conjunción (esto y aquello) entre los significados de un símbolo, lo que da oportunidad de entender en dos sentidos el significado de la petra mencionada por Jesús (puede referirse a Pedro en virtud de su confesión de fe). Asimismo, hicimos una apología defensiva contra las objeciones que se levantan contra la interpretación católico-romana. Por lo tanto, creo que tenemos unas bases decentes para afirmar la postura católica tradicional sobre este texto.

 

Referencias.

 

[1]       Keener, C. (2014) Comentario al contexto cultural de la biblia: Nuevo Testamento. Mundo Hispano. p. 343.

[2]       Cullmann, O. (1969) Theological Dictionary of the New Testament, vol. 6, ed. Gerhard Kittel. Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans. p. 98. Citado de Horn, T. (2017).

[3]       Millos, S. (2016) Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento:

Juan. España: CLIE. p. 214

[4]       Millos, S. (2016) Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Mateo. España: CLIE. p. 1102.

[5]       McCarthy, J. (1996). El evangelio según Roma; una comparación de la tradición católica con la Palabra de Dios. Grand Rapids: Editorial Portavoz. p. 198.

[6]       Carson, D. A. (1984). The Expositor`s bible commentary. Grand Rapids: The Zondervan Corporation. p 367.

[7]       Ibíd.

[8]       Vincent, R. (1906). Word studies in the New Testament, vol. 1. New York: Charles Scribner´s Sons. pp. 91-92.

[9]       Allison, G. (2014). Roman Catholic Theology: Theology and Practice: An evangelical Assessment. USA: Crossway. c. 5.

[10]     White, R. (1996) The Roman Catholic Controversy: Catholics and Protestants—do the differences still mather? Minesota: Bethany House Publishers. p. 117

[11]     Heschmeyer, J. (2020) Pope Peter: Defending the Church´s Most Distinctive Doctrine in a Time of Crisis. California: Catholic Answers Press. c. 9

[12]     White, R. (1996) The Roman Catholic Controversy: Catholics and Protestants—do the differences still mather? Minesota: Bethany House Publishers. p. 118.

[13]     Horn, T. (2017) The Case for Catholicism: Answers to Classic and Contemporary Protestant Objections. San Francisco: Ignatius Press. c. 5.

[14]     Creo que lo que dice Vincent es acertado; sin embargo, sigo pensando que muchos teólogos pasan por alto la posibilidad de un significado polisémico en el uso de «roca» en Mateo 16:18.

 

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