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Por James Akin, del sitio The Nazareth Apologetics, Bible and Theology Page
traducido por Daniel Cotarelo García

Hacia el final de su carrera como evangelista, el apóstol Pablo escribió: "El Espíritu afirma claramente que en los últimos tiempos habrá algunos que renegarán de su fe, para entregarse a espíritus seductores y doctrinas demoníacas, seducidos por gente mentirosa e hipócrita, cuya conciencia está marcada a fuego. Esa gente proscribe el matrimonio y prohibe el consumo de determinados alimentos que Dios creó para que los creyentes y los conocedores de la verdad los comieran dando gracias." (1 Tim 4, 1-3)

Este es un pasaje favorito de muchos anti-católicos, porque encuentran en él una profecía acerca de que los católicos han "renegado de su fe para entregarse a... doctrinas demoníacas".

"Después de todo", dicen estos anti-católicos, "la Iglesia Católica les prohibe el matrimonio a los sacerdotes y ordena a los fieles que se abstengan de carne los viernes durante la Cuaresma. Esto significa que los católicos han aceptado doctrinas demoníacas y han abandonado la verdadera fe, tal como Pablo predijo". ¿Eran éstas las prácticas que Pablo tenía en mente?
¿Prohibiendo el matrimonio?

En cuanto al primer cargo: ¿Prohibe la Iglesia Católica el matrimonio? De ninguna manera. No le prohibe el matrimonio a nadie.

El cargo difícilmente podría ser más absurdo, ya que la Iglesia Católica considera al matrimonio un sacramento. Desde el punto de vista católico, el matrimonio es una gran bendición; simplemente no es para todos. Algunos pueden renunciar al matrimonio en aras de propósitos religiosos. Cristo mismo indicó esto cuando dijo que algunos "decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos" (Mt 19, 12).

 

Esta práctica existía incluso en el Antiguo Testamento. Dios dijo al profeta Jeremías que no tomara una esposa y tuviera hijos (Jer 16, 1-4), ya que el hacerlo sería inconsistente con el turbulento ministerio al que Dios lo estaba llamando. En Jeremías encontramos un paralelo con un sacerdote moderno, un hombre que se abstiene de casarse y tener una familia, con el objeto de estar libre para cumplir las demandas de su ministerio.

Esto no era un modelo restringido al Antiguo Testamento. Pablo aconseja a las personas abstenerse de casarse. Dice: "Es bueno para el hombre abstenerse de la mujer. Sin embargo, por el peligro de incontinencia, que cada hombre tenga su propia esposa, y cada mujer, su propio marido... Esto que les digo es una concesión y no una orden. Mi deseo es que todo el mundo sea como yo, pero cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel. A los solteros y a las viudas, les aconsejo que permanezcan como yo... Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu.

 

La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor... Por lo tanto, el que se casa con la mujer que ama, hace bien; pero el que no se casa, obra mejor todavía." (1 Cor 7, 1-2.6-9.32-35.38)

Pablo considera al matrimonio una opción, pero no siempre la preferible, ya que las personas casadas tienen intereses divididos que les dificultan el dedicarse de todo corazón al Señor. En 2 Timoteo 2, 3-4, aplica este punto de vista directamente al ministerio de tiempo completo. Le dice a su discípulo Timoteo: "Comparte mis fatigas, como buen soldado de Jesucristo. El que está bajo las armas no se mezcla en los asuntos de la vida civil, para poder cumplir las órdenes de aquel que lo enroló." Se le dice a Timoteo que comparta sus sufrimientos no mezclándose en "asuntos de la vida civil", como casarse y tener una familia, para poder llevar a cabo su vocación como soldado de Jesucristo y ministro del Evangelio de tiempo completo.

 

En todo lo escrito por Pablo encontramos la idea de un voto de celibato que compromete a una persona a una vida de continencia.

En 1 Timoteo 5, Pablo dice: "Honra y atiende a las viudas que realmente están necesitadas... Hay viudas que lo son realmente, porque se han quedado solas y tienen puesta su confianza en Dios, consagrando sus días y sus noches a la súplica y a la oración...

Para estar inscripta en el grupo de las viudas, una mujer debe tener por lo menos sesenta años y haberse casado una sola vez.

 

Que sus buenas obras den testimonio de ella; tiene que haber educado a sus hijos, ejercitado la hospitalidad, haber lavado los pies a los hermanos, socorrido a los necesitados y practicado el bien en todas sus formas. No inscribas, en cambio, a las viudas más jóvenes, porque cuando los deseos puramente humanos prevalecen sobre su entrega a Cristo, quieren casarse otra vez, y se hacen culpables por faltar a su compromiso." (1 Tim 5, 3.5.9- 12)

Pablo describe aquí una orden de viudas, sostenida por la Iglesia, que son conocidas por la oración, el cuidado de los enfermos, la devoción al bien, y su compromiso de celibato. Esta orden tiene los mismos principios fundamentales que una moderna orden de monjas, un grupo de mujeres que han hecho votos de llevar una vida célibe para servir a Dios. Hay incluso precedente bíblico para las órdenes de monjas contemplativas. Siguen el ejemplo de Ana, la profetisa que "no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones." (Lc 2, 37)

¿Es la organización de viudas de la que Pablo se ocupa, simplemente una asociación libre de mujeres que podían entrar o dejar su calidad de viudas, a su entera discreción?

 

No. Pablo dice que no se inscriban las viudas más jóvenes porque, estando sujetas a "impulsos propios de la juventud" (2 Tim 2, 22), desean casarse y "se hacen culpables por faltar a su compromiso". Cuando se inscribieron en la lista de viudas, tomaron un compromiso de no casarse. Antes de esto, eran libres de casarse, pero al entrar en la comunidad se comprometieron a vivir como la "mujer soltera, que se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu" (1 Cor 7, 34).

El Nuevo Testamento habla de un voto de celibato -un compromiso formal de llevar una vida de soltero- y Pablo lo incorpora en las reglas de la orden de proto-monjas que discute en 1 Timoteo 5.

Irónicamente, este voto de celibato es mencionado en 1 Timoteo 5, ¡apenas un capítulo después del pasaje de las "doctrinas demoníacas" de 1 Timoteo 4!

 

Otra prueba de que la práctica católica del celibato ministerial no es lo que Pablo está discutiendo en 1 Tim 4, 1-3, es que las personas que prohiben el matrimonio en el pasaje, lo enseñan como una doctrina, pero los católicos consideran al celibato sacerdotal solamente una disciplina. Los católicos libremente admiten que nada en la Biblia o en la Tradición apostólica requiere que los ministros sean célibes; simplemente es una buena idea, como Pablo lo indica. El requerimiento de la Iglesia católica de que sus ministros (de rito Occidental) sigan el consejo de Pablo y sean célibes, es en principio similar al requerimiento de una denominación protestante, de que sus ministros estén graduados en el seminario, algo que los protestantes hacen no porque piensen que la Biblia lo requiere, sino porque es una buena idea.

Sólo el rito Latino u Occidental (el rito más numeroso de la Iglesia) requiere el celibato. Los otros ritos de la Iglesia (Orientales) no requieren el celibato y tienen sacerdotes casados. Incluso el rito Latino hace excepciones a su política: si un ministro casado de una denominación como el Luteranismo o el Anglicanismo, se hace Católico, puede llegar a autorizarse que sea ordenado sacerdote.

El rito Latino podría, si el Papa se convenciera de que esto es necesario, dejar de lado la disciplina del celibato, pero no parece probable que esto ocurra en el futuro cercano, ya que la Iglesia ha recibido grandes bienes como resul-tado de esta política (un hecho que los anti-católicos nunca mencionan). De cualquier modo, la Iglesia Católica no le prohibe a nadie casarse, aunque dice, en el rito Latino, que se espera que un hombre dispuesto a ser ordenado también esté dispuesto a permanecer célibe. ¿Y si quiere casarse? Entonces puede hacerlo, sin llevar a cabo la vocación sacerdotal.
"Abstinencia de alimentos"

 

¿Se abstienen los católicos del "consumo de determinados alimentos que Dios creó para que los comieran dando gracias"? Nuevamente, no. Un católico es libre de comer todo alimento que desee, ya que Cristo "declaraba que eran puros todos los alimentos" (Mc 7, 19). Los católicos firmemente creen la enseñanza de Pablo de que "todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable, si se lo recibe con acción de gracias, porque la Palabra de Dios y la oración lo santifican" (1Tim 4, 4- 5).

¿Por qué, entonces, los católicos se abstienen de comer carne en determinados viernes? La razón es simple: es una devoción que la familia católica ha establecido para conmemorar la crucifixión de Cristo. Imagínese un padre que dice a su familia que comerán alimentos especiales en conmemoración de lo que Jesús hizo por los hombres, así como los israelitas tenían alimentos especiales.

 

Ningún no católico culparía a un padre por instituir esta práctica. Pues bien, esto es todo lo que la Iglesia Católica ha hecho.

La Iglesia es una gran familia, y sus guías-aquellos que cumplen la función de sus padres terrenales o pastores-han establecido la devoción especial de no comer carne en el día en que conmemoramos la pasión del Señor. Como sustituto, los católicos habitualmente comen pescado en esos viernes, y el pez es un antiguo símbolo de Cristo. Ésta es una manera de recordar y honrar a Cristo por lo que hizo por nosotros hace tanto tiempo.

Abstenerse de carne es una incomodidad, un pequeño sacrificio personal que nos ayuda a dirigir nuestras mentes y corazones a aquel sacrificio de suprema importancia en el Calvario.

 

Estaría mal que un católico violara esta devoción sin un motivo razonable, así como estaría mal que un hijo desobedeciera las reglas familiares establecidas por sus padres (Col 3, 20; Ef 6, 1). Una persona bajo autoridad es libre de desobedecer solamente cuando la autoridad requiere algo fundamentalmente malo, o cuando existen circunstancias suficientemente graves.

Desobedecer flagrantemente es resistir a Dios, ya que no hay autoridad que no haya sido instituida por Dios (Rom 13, 1-2), un principio que se aplicaba incluso al gobierno pagano de Roma, del cual hablaba Pablo.

La abstención devocional de determinados alimentos es definitivamente bíblica. En Daniel 10, 3 leemos: "no comí ningún manjar exquisito; ni la carne ni el vino entraron en mi boca, ni me hice ninguna unción, hasta que se cumplieron tres semanas enteras". Como una disciplina especial y un símbolo de aflicción, el profeta Daniel rehusó comer ningún manjar exquisito. Los católicos se abstienen actualmente de comer carne en los Viernes de Cuaresma, como un símbolo de aflicción por lo que Cristo sufrió por nuestros pecados.

 

La Biblia incluso contiene precedentes acerca de abstenerse de todo alimento en ciertas ocasiones. Ésta es la disciplina bíblica del ayuno. Cristo dijo que sus seguidores ayunarían cuando él les fuera quitado (Mt 9, 15), y dio reglas acerca de cómo se debía ayunar (Mt 6, 16-18).

Como en el caso del celibato sacerdotal, los católicos ocasionalmente se abstienen de comer carne sólo como disciplina, no como un punto de doctrina. No hay nada malo en comer carne, como resulta evidente por el hecho de que los católicos pueden comerla durante el resto de la semana. Cuando nos abstenemos de carne, nos abstenemos de algo bueno, no de algo malo. El apóstol Pablo no estaba hablando de los católicos cuando previno acerca de aquellos que prohibirían el matrimonio y el comer determinados alimentos. Entonces, ¿de quiénes estaba hablando? La respuesta queda dentro de cierta especulación, pero Pablo aparentemente tenía en mente ascéticos que enseñaban que el matrimonio y determinados alimentos eran fundamentalmente malos.

 

Varios movimientos en la historia de la Iglesia han promovido estas enseñanzas, siendo los dos ejemplos más notables los maniqueos y los albigenses. Consideraban a la materia intrínsecamente mala, y consecuentemente veían con recelo a los placeres físicos, incluyendo el permitirse determinados alimentos. Lejos de abrazar esta doctrina, la Iglesia Católica consideró a estos grupos como heréticos y a sus doctrinas como "doctrinas demoníacas".

(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).

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