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¡Queremos la paz! ¡No a la guerra!. Paz, paz, paz,... es un grito que resuena a lo largo y a lo ancho de medio mundo. Pedir la paz es algo abstracto que no compromete a nada y con lo que siempre se queda muy bien, pero ¿Qué paz? En tiempos de Roma, sus legiones imponían "la paz de Roma". Después, España, Francia, Inglaterra y hoy los EEUU impusieron o imponen cada una la suya. Los judíos imponen la paz en Palestina a cañonazos, y los talibanes aplicaron la propia en Afganistán. Cada vez que emerge un país o grupo dominante se impone una nueva paz. Y vuelta a empezar.

 

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Lo que sigue es un extracto de las palabras del P. Cantalamessa, durante el retiro anual que le predicara a S.S. Juan Pablo II y miembros de la curia.
«Si Cristo amó a la Iglesia a pesar de las iniquidades que ella habría de cometer, haciendo como si no lo viera, ¿quiénes somos nosotros para encontrar en las debilidades y miserias de la Iglesia una razón para no amarla e incluso juzgarla? ¿Precisamente nosotros, que estamos tan llenos de pecado?».

 

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Cuando terminó la proyección de «Magdalen», los espectadores del cine milanés aplaudieron. Mientras veía cómo abandonaban la sala, todavía en la butaca pensaba que ¬si alguno me hubiera conocido¬ se habría dirigido a mí todo indignado para avergonzarme por considerarme todavía católico. Y es que se han reducido mucho las minorías contra las cuales la dictadura de lo políticamente correcto no sólo permite, sino que estimula el desprecio: fumadores, obesos, pederastas, nazis, católicos. Incluso parece que las dos últimas categorías van unidas, como confirma el póster de esa otra película en el que la cruz de Cristo se transforma en la cruz gamada de Hitler. Según salía del cine pensaba que quizá ya es hora de que los católicos pongan en marcha lo mismo que los judíos, con justicia y éxito, crearon hace ya tiempo: una «Anti-demafation League» que reivindique los derechos de la verdad y la dignidad de las personas. Empezando por la de aquellas monjas ¬sádicas y depravadas al estilo de la pasoliniana Salò¬ que también pertenecen al sexo femenino, pero que no entran dentro de las proclamas chulescas del director escocés: «He querido denunciar la violencia a que son sometidas las mujeres, todas las mujeres». Se entiende que exceptuando aquellas que llevan la toca en la cabeza y la cruz en el pecho, difamadas por Peter Mullan y que, para avivar más el escándalo se llama «católico» simplemente porque fue bautizado en esa Iglesia. Para beneficio de los espectadores, indignados por lo que desconocen, conviene precisar algunas cosas:

 

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No hay que preocuparse. Es lo de siempre, por los de siempre y como siempre. Si quieren Vs. ver a la Iglesia renacer y prosperar no hay más que empezar a echar a los cristianos a los leones. Los leones actuales, más feroces y rugientes que los de los tiempos de los romanos son hoy algunos medios de difusión: TV, radios, prensa... dirigidos por los Herodes y Fariseos de todos los tiempos. En el caso reciente de los curas pedófilos, les remito al escrito de Deal Hudson : "Sobre la pedofilia de los sacerdotes". (Puede verse aquí)

Entre otras falsedades en curso desmonta los 10 mitos más utilizados, haciendo notar que: "...la pedofilia (el abuso sexual de niños preadolescentes) entre los sacerdotes es extremamente rara, pues afecta solamente al 0.3% del clero."

 

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En El Semanal del 11 de agosto, Arturo Perez-Reverte se ha pasado con su artículo Beatus Ille. Le admiramos como buen escritor de novelas; pero en sus artículos periodísticos nos tienen aburridos las ordinarieces , zafiedades y los insultos gratuitos que suele utilizar: "hijo de la gran puta, canalla, cerdo psicópata, pegarles fuego, colgar a todos" son algunas de sus frasecitas de "fino escritor", que dedica al Papa y a los Obispos. Hasta él mismo se define como "el cabrón del Reverte". El sabrá por qué.

 

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