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REDACCIÓN CENTRAL, 16 Sep. 13 / 01:20 pm (ACI).- Durante su habitual programa radial sabatino, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, abordó el tema del P. Gustavo Gutiérrez, el autor más conocido de la teología de la liberación, que la semana pasada fue recibido por el Papa Francisco tras gestiones del Arzobispo Gerhard Müller, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Durante el programa, el Cardenal peruano insistió en que las obras de Gutiérrez debían ser corregidas, algo que él mismo había pedido al autor peruano en una conversación personal.

Las correcciones que el Arzobispo de Lima ha solicitado son reales y, en algún momento, el mismo Gutiérrez parecía aceptar que tales correcciones eran necesarias.

 

En efecto, en una conferencia pronunciada en 1996 ante los directivos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en la que se hallaba presente también el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Joseph Ratzinger, Gustavo Gutiérrez señaló que "un buen número de análisis y de propuestas enunciadas en años recientes (por la teología de la liberación) han perdido vigencia, numerosas discusiones y precisiones de ese tiempo no responden plenamente a los retos actuales. Ignorar estos cambios significaría encerrarse en el pasado, vivir de nostalgias y condenarse a vivir de espaldas a las personas de hoy".

 

El texto es de dominio público, porque la conferencia de Gutiérrez, junto a otras, fue publicada por el CELAM ese mismo año bajo el título "El futuro de la Reflexión Teológica en América Latina".

Sin embargo, en la práctica, la aparente retractación de Gutiérrez nunca se ha verificado en sus libros: la versión "corregida" de 1988 de su obra fundamental, "Teología de la Liberación - Perspectivas", mantiene aún afirmaciones que contrastan abiertamente con la doctrina católica. Lo mismo sucede con su obra nunca corregida "Fuerza Histórica de los Pobres". Ambas obras se siguen publicando en numerosos idiomas, con las mismas afirmaciones que motivaron la investigación de la obra de Gutiérrez por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Aquí se presentan algunas frases que aparecen en estas obras y que indican que Gutiérrez sigue siendo teológicamente problemático.

"Son muchos los que piensan, por eso, con Sartre, que 'el marxismo, como marco formal de todo pensamiento filosófico de hoy, no es superable'. Sea como fuere, de hecho, la teología contemporánea se halla en insoslayable y fecunda confrontación con el marxismo" [TL88, p. 77–78].

"En ella [la segunda dimensión de la liberación] se juega el proyecto de construcción de un hombre nuevo. No se trata aquí del sentido paulino y teológico de la expresión, sino de una referencia al empleo que se hace de ella en filosofía política y en enfoques históricos" [TL88, p. 47; el texto es de la nueva introducción: Mirar lejos].

"Únicamente una quiebra radical del presente estado de cosas, una transformación profunda del sistema de propiedad, el acceso al poder de la clase explotada, una revolución social que rompa con esa dependencia, puede permitir el paso a una sociedad distinta, a una sociedad socialista" [TL88, p. 97].

 

"Partiendo de estas primeras intuiciones Marx irá construyendo un conocimiento científico de la realidad histórica. Analizando la sociedad capitalista en la que se da en concreto la explotación de unos seres humanos por otros, de una clase social por otra, y señalando las vías de salida hacia una etapa histórica en la que la persona humana pueda vivir como tal, Marx forja categorías que permiten la elaboración de una ciencia de la historia" [TL88 p. 103].

"La cercanía con quienes ven el devenir histórico en una perspectiva marxista, lleva a revisar y reactualizar los valores escatológicos del cristianismo... Poco acostumbrados estamos en ambientes cristianos, sin embargo, a pensar en términos conflictuales e históricos. A lo antagónico preferimos una irénica conciliación... Debemos aprender a vivir y pensar la paz en el conflicto" [TL88, p. 226–227].

"La fe nos revela el sentido profundo de la historia que forjamos con nuestras manos, al hacernos conocer el valor de comunión con Dios —de salvación— que tiene todo acto humano orientado a la construcción de una sociedad más justa, e inversamente nos hace ver que toda injusticia es una ruptura con él" [TL88, p. 363].

 

Se trata del "Evangelio leído desde el pobre, desde las clases explotadas, desde la militancia en sus luchas" [FH, p. 36].

"La liberación auténtica será obra del oprimido mismo, en él el Señor salva la historia" [TL88, p. 317].

"La Iglesia debe convertirse a ese mundo, en el que Cristo y Espíritu están presentes y activos, debe dejarse habitar y evangelizar por él" [TL88, p. 378].

"El Evangelio leído desde el pobre, desde las clases explotadas, desde la militancia en sus luchas por la liberación convoca a una Iglesia popular. Una Iglesia que nace del pueblo, de un pueblo que arranca el evangelio de las manos de los grandes de este mundo, que impide su utilización como un elemento justificador de una situación contraria a la voluntad del Dios liberador" [FH, p. 37].

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